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Libre Albedrío

El libre albedrío es poder elegir entre diferentes acciones. Si juzgamos una acción (por ejemplo, como buena o mala), solo tiene sentido si la acción se elige libremente. Cosas como el consejo, la persuasión y la prohibición no tienen sentido a menos que la gente tenga libre albedrío. El libre albedrío significa que la gente puede hacer cosas diferentes. Tradicionalmente, solo las acciones que son de libre albedrío merecen crédito o culpa. Si no hay libre albedrío, no hay sentido ni justicia en recompensar o castigar a nadie por cualquier acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El libre albedrío es un problema importante en la filosofía ética, y también es relevante para la filosofía de la ciencia.

En la vida ordinaria, y en el derecho, se asume generalmente que las personas tienen libre albedrío, y son responsables de lo que hacen. Los límites del libre albedrío presenta artículos influyentes sobre el libre albedrío y la responsabilidad moral.

Pesimismo

Para que uno sea verdaderamente o en última instancia responsable de cómo es, de tal manera que pueda ser verdaderamente responsable moralmente de lo que hace, tiene que ser cierto algo imposible: tiene que haber, y no puede haber, un punto de partida en la serie de actos que hacen que uno tenga una determinada naturaleza, un punto de partida que constituya un acto de auto-origen último. La discusión sobre este tema (por ejemplo, en relación al compatibilismo y a la teoría incompatibilista) ilustra la dinámica interna del debate sobre el libre albedrío, y explicar por qué es probable que el debate continúe mientras los seres humanos puedan pensar. El punto básico es el siguiente: las poderosas razones lógicas o metafísicas para suponer que no podemos tener un fuerte libre albedrío siguen chocando con razones psicológicas igualmente poderosas por las que no podemos dejar de creer que lo tenemos. Las conclusiones de los pesimistas o de los teóricos de la no-libertad pueden parecer irresistibles durante la discusión filosófica, pero es probable que pierdan su fuerza, y parezcan obviamente irrelevantes para la vida, cuando uno deja de filosofar. El pesimismo en cuanto teoría sistematizada es un producto del siglo XIX. Cierto es que con anterioridad, según se verá, habían existido concepciones pesimistas con relación a algunos aspectos de lo real; pero únicamente en el citado siglo se intentará construir el pesimismo como un sistema metafísico que pretenderá dar una explicación del mundo y de la vida prescindiendo de la creación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

El pesimismo como doctrina filosófica o ideología puede fácilmente producir el pesimismo psicológico, una actitud anímica amarga ante la vida y ante la realidad. Pueden distinguirse diversos tipos o formas de pesimismo ideológico.Entre las Líneas En efecto, dado que la esencia del mismo es la identificación del ser con el mal, y dado que el ser se puede considerar de diversas maneras, en principio se podrían establecer tantos tipos de pesimismo como tipos de ser.

Filosofía Política de Walter Benjamin

Walter Benjamin tomó como uno de los principales ‘objetivos metodológicos’ de su Proyecto Arcades “demostrar un materialismo histórico que ha aniquilado en sí mismo la idea de progreso”, tomando como su “concepto fundador… no el progreso sino la actualización”. Tenía razones tanto filosóficas como políticas para ello. Desde el punto de vista filosófico, Walter Benjamin consideraba que la idea convencional de progreso proyectaba hacia el futuro una concepción del tiempo “homogénea” y “vacía”, personificada en el intento del historicismo de Ranke de representar el pasado “tal como fue realmente”. Se trata de una concepción del tiempo basada en la continuidad temporal del pasado, el presente y el futuro, “en” la que los acontecimientos ocurren y se entienden como conectados causalmente. Es naturalista en la medida en que no reconoce ninguna distinción temporal-ontológica fundamental entre el tiempo pasado, el presente y el futuro; no tiene sentido del tiempo como la producción continua de la diferenciación temporal. El tiempo se diferencia únicamente por las diferencias entre los acontecimientos que se producen en él. En particular, no comprende que el tiempo histórico (el tiempo de la vida humana) se constituye a través de tales diferenciaciones inmanentes, mediante los modos existenciales de la memoria, la expectativa y la acción. En este sentido, existen afinidades entre la filosofía del tiempo de Benjamin y la de Heidegger. La consecuencia política del naturalismo temporal que subyace a la idea de “progreso” es el conformismo.

Razón Pública

Razón Pública en la Teoría del Derecho Recursos Véase También Teoría del Derecho Natural Teoría del Derecho Divino Bibliografía Paloma Durán y Lalaguna: Notas de Teoría del Derecho. Castelló de la Plana. Publicaciones de la Universidad Jaume I. 1997 Ignacio Ara Pinilla: Introducción a la […]

Fuentes de Referencia sobre la Filosofía de las Ciencias

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