Mongoles
Cuando por fin la iglesia se reunió y la energía misionera volvió con la fundación de la orden de los jesuitas, los días de la oportunidad habían terminado. La posibilidad de una unificación moral mundial (o global) de Oriente y Occidente a través del cristianismo había desaparecido. Los mongoles de China y Asia Central se volvieron al budismo; en el sur de Rusia, en el Turquestán occidental y en el Imperio del Tikán abrazaron el Islam. Los mongoles del gran reino de Kipchak siguieron siendo nómadas y pastorearon su ganado por las amplias llanuras del sur de Rusia y el oeste de Asia adyacente a Rusia. Se convirtieron en musulmanes poco devotos y conservaron muchos rasgos de su anterior chamanismo bárbaro. Su principal kan era el kan de la Horda de Oro. Hacia el oeste, en grandes extensiones de terreno abierto, y más concretamente en lo que ahora se conoce como Ucrania, la antigua población escita, eslava con una mezcla de mongoles, volvió a llevar una vida nómada similar. Estos nómadas cristianos, los cosacos, formaban una especie de pantalla fronteriza contra los tártaros, y su vida libre y aventurera resultaba tan atractiva para los campesinos de Polonia y Lituania que hubo que promulgar severas leyes para impedir una vasta migración desde las tierras de labranza hacia las estepas. Los terratenientes polacos consideraban a los cosacos con gran hostilidad, y la guerra era tan frecuente entre la caballería polaca y los cosacos como entre éstos y los tártaros.