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Historia de la Delincuencia

El uso del término crimen organizado ha suscitado numerosas críticas. El término fue introducido por los reformistas anticorrupción en Estados Unidos durante el siglo XIX. Por aquel entonces, el crimen organizado se refería a la corrupción política local existente en las grandes ciudades estadounidenses, donde los políticos y la policía protegían las operaciones de juego y prostitución. Sólo en la época de la posguerra el término evolucionó para referirse a las asociaciones organizadas de gángsters. En la actualidad, aunque muchos consideran que la delincuencia organizada tiene características como una estructura jerárquica, división del trabajo, códigos o tabúes organizativos, continuidad en las operaciones, práctica de la corrupción y capacidad para infligir violencia, numerosos expertos han demostrado que las actividades delictivas no suelen estar en absoluto organizadas, sino que están bastante desorganizadas. Bentham (1789), cuyo enfoque utilitario anticipó la investigación de operaciones en la Gran Bretaña posterior a la Segunda Guerra Mundial, consideraba que el comportamiento humano estaba motivado por la búsqueda del placer y la evitación del dolor.

Otros Elementos

Además, se dice que las personas tienen “agencia”, la capacidad de controlar sus comportamientos y tomar decisiones racionales. Para Bentham, una elección racional era elegir el curso de conducta que evitaba el dolor y el placer consumado. Fue un “cálculo de rayos”, una evaluación mecánica que los individuos hicieron continuamente, más bien como robots, lo que sugiere que los individuos pueden tomar decisiones “sin pensar”, sentando las bases de lo que la prevención situacional del delito llamaría más tarde “racionalidad limitada”: para prevenir el crimen se trataba simplemente de controlar tal comportamiento calculado reduciendo las oportunidades.

Historia de la Criminología

Interior

El estudio de la delincuencia y los delincuentes es la provincia del campo de la Criminología. Como el resto de las ciencias humanas y sociales, la criminología moderna nace en el fructífero s. XIX desde un profundo ánimo de evolución y mejora. En los años sesenta del s. XX se problematizan las ideas de delito y delincuente, discutiéndose la propia idea de progreso. La criminología, junto a las demás ciencias sociales y humanas, sufre una profunda crisis etiológica que remueve la fe positivista originaria e impulsa el surgimiento de los actuales paradigmas (sistema de creencias, reglas o principios) tardomodernos, menos confiados en las posibilidades del conocimiento y más reflexivos con sus consecuencias. La la criminología es el cuerpo de conocimiento que considera el delito como un fenómeno social, incluyendo dentro de su ámbito el proceso de hacer e infringir leyes, y reaccionar ante la infracción de las mismas. La criminología se remonta a finales del siglo XVIII, cuando pequeños grupos de personas desarrollaron un interés en explicar la delincuencia junto a sus principales ocupaciones, como la gestión de asilos o la recopilación de estadísticas sobre prisiones o procesos judiciales. No hubo forma de empresa colectiva hasta finales del siglo XIX. Durante el siglo XX, la’criminología’ se formó y solidificó gradualmente. Sus disciplinas constitutivas incluyen sociología, historia, psicología, derecho y estadística.

Vida en Prisión

Edificios

La vida en la prisión tanto fascina como repele. Se ofrece también un examen de sociología de la vida en prisión en el reino unido enfocado en sus aspectos internacionales. Al igual que con muchos aspectos del castigo, atrae el interés tanto de los académicos como del público en general.

Política Carcelaria

humanidad y civilización

Este texto se ocupa de la política carcelaria. Aquí se examina cómo llegó a problematizarse la atención carcelaria y el recurso a la ley para gestionar estos problemas. Del mismo modo que la detención con fines de asistencia social está impregnada de racionalidades reformistas, el derecho de instituciones fue una herramienta importante para los reformadores del siglo XIX que impulsaban una nueva visión “humana” de la asistencia, basada en el asilo curativo. Estableció la hegemonía médica sobre la gestión de la “locura” y se convirtió en un arma clave en las guerras culturales intraprofesionales. Sin embargo, a pesar de su propósito original de restringir las instituciones carcelarias, muestro cómo la ley de instituciones proporcionó un andamiaje para la expansión carcelaria durante el siglo XIX bajo nuevas racionalidades, haciendo incursiones en la gestión de la “locura” por parte de las familias y dentro del hogar. Al igual que el internamiento en centros de asistencia social, el legalismo del siglo XIX encontró resistencias formuladas en términos de la privacidad de los pacientes y sus familias, y de los intereses económicos, las intenciones benévolas y la experiencia clínica de los operadores institucionales. Sin embargo, no se trataba simplemente de fuerzas opuestas, sino más bien de un relevo facilitador mutuo entre la ley y el poder disciplinario. ¿Qué podemos aprender hoy de las paradojas y luchas del legalismo del siglo XIX? También se examinan las racionalidades y las formas de “pericia” que separaron cada vez más a las principales poblaciones destinatarias de la reclusión en centros de asistencia social -personas con discapacidad intelectual y adultos mayores con demencia- de las principales instituciones de “locura” y las estructuras reguladoras. Las nuevas instituciones especializadas, rodeadas de formas de legalismo menos minuciosas, englobaron las problematizaciones cada vez más diversas y las temporalidades ampliadas que caracterizan el internamiento de asistencia social en la actualidad. Estas racionalidades distintivas y sistemas carcelarios sentaron las bases de la atención social contemporánea, incluyendo diferentes tipos de experiencia profesional y estructuras administrativas, y produjeron un sentido de las poblaciones que no pertenecen a la administración de la locura, y cuya libertad es menos digna de ser salvada.

Ambivalencia Normativa

Derecho y Sociología

Este texto considera las ventajas de la mala prohibita y lo que se perdería si las elimináramos o redujéramos drásticamente su frecuencia. Investiga precisamente qué se descartaría aplicando rigurosamente la restricción de la ilicitud. Esto nos ayuda a ver lo extendido que puede estar el conflicto entre la mala prohibita y la restricción de la ilicitud y, por tanto, lo radical que sería seguir la estrategia apuntada.

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