Desde sus inicios, el pensamiento político moderno ha identificado la desigualdad económica como la principal causa de la desigualdad social y el principal obstáculo para el establecimiento de relaciones sociales igualitarias: aunque no es la única causa determinante de la desigualdad, la cantidad de ingresos monetarios, una medida del poder adquisitivo, afecta directamente a la calidad de las condiciones de vida cotidianas, especialmente en términos de vivienda, consumo y educación. La desigualdad social en 2023 fue sido un importante problema mundial, al que han contribuido diversos factores. El Grupo del Banco Mundial destacó que 2023 se caracterizaba por una desigualdad creciente, exacerbada por las secuelas de la pandemia COVID-19, el cambio climático, los conflictos y la inseguridad alimentaria. La desigualdad social sigue siendo un problema acuciante en 2024. Según un sondeo exclusivo de Euronews, los precios altos y las desigualdades sociales son las principales preocupaciones de los votantes europeos. Partiendo de la base de que la escasez de recursos era un obstáculo para la aplicación de políticas universalistas en América Latina, la orientación por objetivos se basaba en la necesidad de centrar las medidas sociales en los más pobres.