El interior de la tierra es toda la Tierra bajo la superficie terrestre y el fondo del océano, incluyendo la corteza, el manto y el núcleo. El interior no es accesible a la observación directa. No obstante, se ha construido un modelo bastante detallado a partir de las mediciones realizadas en la superficie o por encima de ella. Las velocidades de las ondas sísmicas también pueden medirse en experimentos de laboratorio en los que las muestras de roca se someten a las altas presiones y temperaturas típicas de las condiciones del interior profundo. Los meteoritos proporcionan muestras de roca de materiales que probablemente son abundantes en el sistema solar. La comparación de las mediciones de laboratorio y de campo conduce, pues, por inferencia, a un modelo en el que la composición y la distribución de la temperatura pueden especificarse hasta cierto punto. Para averiguar dónde y en qué proporciones residen los distintos materiales en la Tierra, se comparan las mediciones de laboratorio de alta presión y alta temperatura con la estructura sísmica y de densidad. La Tierra consta de una corteza, un manto y un núcleo, por lo que existe una diferenciación composicional en al menos tres regiones. Cada una de estas regiones se diferencia de nuevo, tanto verticalmente como, al menos para la corteza y la parte superior del manto, lateralmente. Véase también: Distribución geoquímica de la Tierra; Física de las altas presiones.