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Nacionalismo Económico Latinoamericano

El nacionalismo económico o populismo económico es una ideología que asume la superioridad del intervencionismo económico sobre otros mecanismos de mercado, asegurando la independencia del Estado. Los nacionalistas económicos apoyan, entre otras cosas, la creación de puestos de trabajo, capital y proteccionismo por parte del Estado y la aversión al capital extranjero. Los nacionalistas económicos se oponen a la globalización o, al menos, cuestionan los beneficios del libre comercio sin restricciones. En el caso latinoamericano es parcialmente distinto: suele tratarse de una resistencia a la influencia económica de los Estados Unidos. Pero el asunto es más complejo.

Capitalismo Latinoamericano

América Latina tiene una forma distintiva y duradera de capitalismo jerárquico caracterizado por corporaciones multinacionales, grupos empresariales diversificados, baja cualificación y mercados laborales segmentados. A lo largo del tiempo, las complementariedades institucionales entretejen las características de la gobernanza empresarial y los mercados laborales y contribuyen así a la resistencia institucional. Los sistemas políticos favorecieron en general a las élites y a las personas con información privilegiada que reforzaron aún más las instituciones y las complementariedades existentes. El capitalismo jerárquico no ha promovido el aumento de la productividad, los buenos empleos ni el desarrollo equitativo, y la eficacia de las estrategias de desarrollo para promover estos resultados depende de que se aborden las complementariedades institucionales negativas.

Nacionalismo Económico Norteamericano

Por un lado, el nacionalismo económico o populismo económico es una ideología que asume la superioridad del intervencionismo económico sobre otros mecanismos de mercado. Pero, por otro, es un reflejo del nacionalismo nacional llevado a la economía. El nacionalismo económico norteamericano pretende reforzar el control de Canadá sobre su economía. Ha surgido recientemente como respuesta a la fuerte presencia extranjera (especialmente estadounidense) en la economía mexicana y canadiense.

Partidos Anticomunistas

Este texto se ocupa de los partidos anticomunistas.

Comunismo Latinoamericano

El marxismo no tuvo mucho impacto en América Latina hasta la primera década del siglo XX. El Partido Obrero de Chile, creado en 1912 por Luis Emilio Recabarren y otros, se convirtió en el Partido Comunista de Chile (PCCh) en 1920 y, con el Partido Comunista de Argentina, fue miembro fundador de la Tercera Internacional (Comintern). En 1928 también existían partidos en Brasil, Guatemala y Uruguay, así como en México, donde una revuelta infructuosa en 1929 tuvo poco impacto. Sin embargo, una gran insurrección en El Salvador en 1932 fue sofocada con grandes pérdidas de vidas (“La Matanza”) y la revuelta de Luis Carlos Prestes en Brasil en 1935 no hizo sino reforzar el creciente autoritarismo en ese país. Bajo la nueva estrategia del ‘Frente Popular’, el partido colombiano apoyó al gobierno liberal reformista de Alfonso López Pumarejo y el PCCh se unió a los radicales y a otros para elegir a Pedro Aguirre Cerda como presidente en 1938. Los comunistas también formaron parte de la coalición que eligió a Fulgencio Batista en Cuba en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial los partidos se legalizaron y ganaron apoyo en todo el continente, y brevemente, en 1945-47, el Partido Comunista do Brasil fue el más grande de la región. Sin embargo, con el inicio de la Guerra Fría, fue prohibido en 1947 y el “Bogotazo” de 1948 dio una excusa a otros gobiernos, especialmente al de Chile, para seguir su ejemplo. Sin embargo, bajo el nombre de Partido Guatemalteco del Trabajo, el partido guatemalteco se mantuvo legal hasta la caída de Jacobo Arbenz en 1954 y los diputados cubanos permanecieron en el Congreso de Batista hasta 1959. Con la Revolución Cubana, la vía de la lucha armada volvió a ganar adeptos.

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