Etimológicamente la voz civilización procede del latín civis, ciudadano. Este texto explora la relación simbiótica entre filosofía y cultura. Cada filosofía surge como una reacción o como una justificación para una cultura en particular y es por esta razón que la filosofía puede diferir de una cultura a otra. Sostiene que la filosofía es una parte esencial de toda cultura. La filosofía es el medio por el cual cada cultura se justifica por sus valores, creencias y cosmovisión y también sirve como catalizador para el progreso. La filosofía cuestiona y confronta críticamente las creencias, costumbres, prácticas e instituciones establecidas de una sociedad. Como pensamiento crítico reflexivo, la filosofía está ligada a una forma de vida; una forma de investigación destinada a guiar el comportamiento; una forma de pensamiento que agudiza y amplía nuestro horizonte intelectual, escudriña nuestras suposiciones y clarifica las creencias y los valores por los que vivimos. La filosofía ayuda a liberar al individuo del encarcelamiento de la ignorancia, el prejuicio, la superstición, la estrechez de miras y el despotismo de la costumbre. La cultura constituye el dato en bruto, el laboratorio desde el cual los filósofos realizan su experimentación analítica. La cultura es considerada como la filosofía de la actividad de primer orden. El texto sostiene que cualquier filosofía global genuina debe incluir tradiciones filosóficas de todas las culturas y regiones del mundo, ya que es buscando respuestas filosóficas alternativas a algunos de los problemas más espinosos a los que se enfrenta la humanidad que es más probable que encontremos soluciones más duraderas a algunos problemas globales. En este compromiso con una humanidad universal, no podemos permitirnos depender de soluciones de una sola cultura o de las culturas más influyentes.