Cine
Las nuevas tecnologías introducidas a finales del siglo XX y principios del XXI ampliaron aún más la posibilidad de ver películas en casa. Los sistemas de transmisión de señales de televisión por satélite o cable digital ofrecían cientos de canales, muchos de ellos con reproducción continua de películas. En la década de 1990 se introdujo el DVD (disco de vídeo digital o disco versátil digital), que convierte las señales de audio y vídeo analógicas en datos binarios que pueden ser leídos por un láser de baja potencia. El formato Blu-ray, adoptado como estándar de la industria en 2008, prometía discos ópticos con una capacidad de datos aún mayor. La primera década del siglo XXI también trajo consigo la adopción generalizada del vídeo a la carta (VOD), en el que los espectadores domésticos podían solicitar la entrega instantánea de las películas de su elección directamente en sus pantallas de televisión u ordenador. El vídeo a la carta basado en Internet desempeñó un papel cada vez más importante en la distribución y circulación de películas, especialmente con el auge de servicios de streaming como Netflix. También fue importante el intercambio de archivos P2P (peer-to-peer), que fue visto como una amenaza por los estudios cinematográficos. Aunque la exhibición en salas de cine siguió desempeñando un papel importante y los cines conservaron su valor como lugares de reunión social que podían presentar imágenes a gran escala, la tendencia dominante en la experiencia de las películas dio a los espectadores domésticos un control cada vez mayor sobre qué películas ver, cuándo verlas y cómo verlas.