Las concepciones contemporáneas de las humanidades se parecen a las anteriores en que proponen un programa educativo completo basado en la propagación de un sistema autosuficiente de valores humanos. Pero difieren en que también proponen distinguir las humanidades de las ciencias sociales así como de las ciencias físicas, y en que discuten entre sí sobre si un énfasis en la materia o en los métodos de las humanidades es más eficaz para lograr esta distinción. A finales del siglo XIX, el filósofo alemán Wilhelm Dilthey denominó a las humanidades “las ciencias del espíritu” y “las ciencias humanas” y las describió, simplemente, como aquellas áreas del conocimiento que se encuentran fuera y más allá de la materia de las ciencias físicas. Por otro lado, Heinrich Rickert, un neokantiano de principios de siglo, sostenía que no es la materia sino el método de investigación lo que mejor caracteriza a las humanidades; Rickert sostenía que, mientras que las ciencias físicas pretenden pasar de los casos particulares a las leyes generales, las ciencias humanas son “idiográficas”: se dedican al valor único de lo particular dentro de sus contextos culturales y humanos y no buscan leyes generales.