Prostitución en la Antigua Roma
Las cortesanas, en la Roma republicana, podían ejercer un considerable poder financiero y político. En su vida de L. Lúculo (cos. 74), Plutarco describe a una dama llamada Praecia, que no era “más que una cortesana”, pero que utilizaba sus conexiones para favorecer las ambiciones políticas de sus amigos. Praecius no es un nomen romano, por lo que debió de ser una liberta o una extranjera que vivía de sus conocimientos especializados. Era la amante de un político romano llamado Cethegus (quizás P. Cornelius Cethegus), y su buena voluntad fue esencial para Lúculo cuando quiso que Cilicia, y por tanto la guerra contra Mitrídates VI, fuera su provincia proconsular. La mujer sirvió de intermediaria entre Lúculo y su amante, y Lúculo se ganó su favor “con regalos y halagos”. Su origen y rango magisterial fueron un incentivo para que ella trabajara en su favor, y era una “pluma en su gorra” ser vista intrigando en nombre de un cónsul romano. Cethegus se puso a trabajar para que a Lúculo se le asignara Cilicia, y esta decisión fue generalmente popular, ya que se le consideraba el más cualificado para afrontar la Guerra Mitrídica. Esto implica que el nombramiento no había sido difícil de organizar; el factor importante era tener la palanca con Cecilio para que la propuesta fuera a la asamblea. Cicerón también presenta a la amante de Verres, la prostituta Quelidón (“Golondrina”), como la principal implicada en la toma de decisiones en los asuntos judiciales de Roma cuando Verres era pretor.