Koselleck describe “la temporalización de la historia”, por la que el tiempo asumió una cualidad diferente, y la historia asumió un carácter temporal. Este autor identifica una contradicción dentro de este “nuevo tiempo”. Este tiempo se caracterizaba por ser un proceso humano contingente cuyo resultado era siempre desconocido e imprevisible. Podemos pensar en la anticipación como una especie de disposición política por la que los actores radicales cultivan un estado de preparación para cualquier posibilidad posible y una voluntad de superar los acuerdos existentes actuando desde el punto de vista de un mundo aún no redimido. Podemos pensar en la anticipación como un deseo intempestivo de reconocer y perseguir las posibilidades alternativas que permiten y condensan los acuerdos actuales. Desde esta perspectiva, la anticipación indica una orientación político-temporal, más que un estado afectivo o un discurso ideológico. Como concepto político crítico, la anticipación no consiste en planificar ni en esperar.