Historia del Plagio
Cuando en el siglo XVI Montaigne citó a Séneca sin comillas, sabía que se dirigía a una comunidad de lectores formados en la misma cultura humanista y poseedores de las mismas referencias textuales. Era evidente que tales referencias a los antiguos, explícitas o no, no constituían en modo alguno préstamos fraudulentos, sino que se entendían como alusiones evidentes, destinadas a un público capaz de compartir el placer de una complicidad inteligente entre literatos. Hoy en día, la fragmentación del campo del conocimiento en una multitud de áreas de especialización ha hecho imposible compartir un conocimiento común.