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Antropología Religiosa

La antropología religiosa se interesa más por el ser humano que por la etnia; más concretamente, los datos de la etnología sólo sirven para definir mejor, a través de las culturas que son su obra, las leyes generales del homo religiosus. Por consiguiente, la etnología religiosa proporcionará una base a la antropología que, por otra parte, no puede prescindir de la contribución de las ciencias biológicas, psicológicas y sociológicas. Esta unión de las disciplinas más diversas debe destacarse claramente, porque desgraciadamente existe la tendencia a convertir la antropología religiosa en un capítulo de la antropología social, que no es más que otro nombre para la sociología. Sin embargo, como señala Spiro, la antropología social no estudia la religión como tal, sino el papel -o la función- que la religión desempeña en la sociedad: control social, integración del individuo en la comunidad, rebelión ritual, terapia, etcétera.

Religión como Ideología

Ni el judaísmo ni el cristianismo son formaciones homogéneas. Surgidos como mitos de acción, han añadido mitos de representación, verdades de especulación y verdades de aparato. Si el mito del dios-voluntad, del absoluto que se revela exclusivamente en la voluntad de sus testigos, en la historia de su fraternidad y de sus luchas, que no se revela ni en la naturaleza ni en la imaginería humana, y que nunca se revela, puesto que la historia no termina, Si este mito actuara como reductor de todos los demás mitos, no sería una ilusión, sino una incitación, una provocación al compromiso total y a la abnegación total.

Secularización

El proceso por el que las religiones se dejan penetrar por un espíritu o unas actividades seculares no es nuevo y es muy anterior al término secularización. Lo que es más particular es la secularización de la sociedad reflejada en la vida religiosa (para el islam, y en particular en lo que respecta a los líderes religiosos oficiales bajo la dominación colonial, véanse los análisis de J. Berque). En realidad, todo depende del sentido que se dé a la palabra “secularización”. Si se refiere a la pérdida del espíritu religioso en la sociedad, puede ser lo mismo que un debilitamiento interno de la religión. Por supuesto, la religión tiene múltiples aspectos, pero cuando el lugar que ocupan las preocupaciones religiosas en sí disminuye entre los seguidores de una religión, hablamos de “secularización” de la religión en el sentido general del término. Este concepto se emplea para indicar aquellos procesos por los cuales actitudes y comportamientos políticos y sociales basados en la fé en lo sagrado, en esquemas.

Mujeres de Bizancio

camino, naturaleza y ambiente

Las mujeres desempeñaron papeles clave en la sociedad bizantina: algunas gobernaron o cogobernaron el imperio, y otras encargaron obras de arte y edificios, peregrinaron y escribieron. En esta apasionante historia sobre la poesía y las historias de mujeres, se examina las vidas, ocupaciones, creencias y funciones sociales de las mujeres bizantinas.

Fe

Arena y naranja

Como ocurre con muchos términos teológicos la palabra fe se usa tanto en sentido religioso como profano. En el primer caso, la fe es cualquier estado interno que se requiera para una religiosidad genuina. Una vida religiosa consiste en algunas acciones externas e internas, emprendidas por motivos específicamente religiosos, es decir, en busca de algún tipo de ‘salvación’ o ‘bienaventuranza’ para uno mismo y para los demás. Este fin ‘sobrenatural’ debe consistir en algún bien que no esté constituido de manera normal por condiciones mundanas, como el placer, la supervivencia o la realización con éxito de otras actividades limitadas por el espacio-tiempo. Cada tradición religiosa corresponde a un cierto cuerpo de proposiciones, cuya verdad es en cierto sentido asumida o presupuesta por aquellos que actúan de acuerdo con los preceptos y recomendaciones de la religión. Se necesita una condición interna de fe para distinguir la religiosidad genuina de la fingida o hipócrita. La presencia de esa fe genuina no depende del grado de creencia en las proposiciones que conforman la tradición religiosa, sino de los motivos o razones que uno tenga para actuar.

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