El advenimiento de Ciro fue un importante acontecimiento histórico mundial. En primer lugar, fundó el imperio más extenso que el mundo había visto hasta entonces. En su apogeo, se extendió desde Egipto y Nubia hasta las costas de Jaxartes en Asia Central y desde el Egeo hasta las partes occidentales de la India. En segundo lugar, sentó las bases de un gobierno bien ordenado y administrado de un imperio multirracial, multilingüe y multirreligioso que llevó la unidad política a las diferentes partes del imperio y facilitó la comunicación y el comercio. En tercer lugar, evitó la destrucción y la venganza innecesarias, aunque no fue más allá de cumplir con el castigo a los que consideraba culpables. No todos los sucesores de Ciro siguieron su ejemplo de capacidad militar y estadista. Los aqueménidas se enorgullecían de llamarse a sí mismos arios y persas, pero ni su religión personal ni su nacionalismo colorearon su dominio imperial, al menos bajo los primeros reyes aqueménidas. El gobierno aqueménide representó el mayor grado de poder político que los iraníes alcanzaron jamás. En ningún otro momento los iraníes alcanzaron la misma prominencia o ejercieron el mismo grado de dominación sobre los pueblos de Asia occidental y partes del norte de África.