Las ciudades están en posición de afectar los “factores de producción” que se cree que canalizan las inversiones de capital que impulsan el crecimiento local. Pueden, por ejemplo, reducir los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de acceso a las materias primas y a los mercados mediante la creación de puertos y aeropuertos.. Las localidades pueden reducir los gastos generales de las empresas mediante políticas favorables de reducción de la contaminación, normas de salud para los empleados e impuestos. Quizás lo más importante de todo es que los públicos locales deben favorecer el crecimiento y apoyar la ideología del desarrollo sin valores. Esta actitud pública asegura a los inversores que los atractivos concretos de una localidad serán defendidos por los futuros políticos.