Derecho Civil

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Derecho Civil

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El Derecho civil es el conjunto de normas e instituciones destinadas a la protección y defensa de la persona y de los fines que son propios de ésta. Consta de las siguientes ramas principales: derecho de la persona —capacidad, estados civiles, derechos de la personalidad, nacimiento, muerte y domicilio, entre otras materias; derecho de obligaciones y contratos —teoría general de las obligaciones y de los contratos, contratos en particular (compraventa, permuta, donación, arrendamientos, entre otros supuestos) y responsabilidad civil; derechos reales —posesión, propiedad, Registro de la propiedad, derechos reales sobre cosas ajenas; derecho de familia —parentesco, matrimonio, filiación, patria potestad, tutela; y derecho de sucesiones —testamento, herencia, legados, sucesión intestada.

El Derecho civil, que se ocupa de la persona, sin más, es derecho privado general, contrapuesto a los derechos privados especiales —mercantil, del trabajo—, que se ocupan de categorías concretas de personas o sectores profesionales definidos —comerciantes, empresarios o trabajadores. Por esta razón, por la importancia de sus instituciones, por su coherencia y tradición milenaria, el Derecho civil tiene un valor paraconstitucional y es considerado, con frecuencia, como Derecho común, complementario de otros derechos y leyes, cuyas lagunas cubre. El Derecho civil se contiene, en muchos países, en códigos que llevan el mismo nombre, inspirados —en mayor o menor medida— en el Código de los Franceses o Código de Napoleón (el primero de todos fue redactado a comienzos del siglo XIX), cuyo desarrollo actual se produce, sobre todo, mediante la promulgación de leyes especiales relativas a las más variadas materias.(1)

Teorías sobre el Derecho Civil de Ahrens

De acuerdo con el filósofo y jurista Enrique Ahrens, que dedica mucho espacio a cuestión de la división del derecho en su Enciclopedia Jurídica:

“El derecho civil desarrolla las condiciones generales bajo que los individuos, en cuanto miembros iguales de un Estado, o sea en cuanto ciudadanos, pueden mantener, contraer
y disolver relaciones jurídicas generales, idénticas para todos, tocante a sus personas, bienes y familia, sin atender, pues, a la clase especial a que pertenezcan, celebrando contratos
en la segunda de estas esferas.

1) El derecho general (1) de las personas establece las relaciones que corresponden a sus circunstancias personales y comunes (edad, sexo, parentesco, sanidad de espíritu y
cuerpo), así como a las principales especies de personas, físicas y morales. Todo derecho es derecho de personas, por lo cual no se puede dividir el Derecho en personal y real, o de cosas, sino en derecho general de las personas y derecho particular de bienes, concerniente
siempre a aquellas.

2) El derecho de bienes, que expone el todo de relaciones mediante que se determina el poder de una persona, ya sobre ciertas cosas, ya sobre actos ajenos, se divide, según estos
dos objetos, en

  • Derecho tocante a las cosas (derecho real), que expresa el de una persona sobre objetos de la Naturaleza no libre y desenvuelve las condiciones bajo qué la propiedad, esto es, el poder pleno de una persona sobre una cosa, y los derechos particulares reales, que dan a una persona un poder limitado sobre una cosa (ajena), nacen, se conservan y terminan en su disposición y aprovechamiento;
  • Derecho de obligaciones, que establece las condiciones bajo que una persona posee una pretensión a ciertos actos de otras, ora consistan estos actos en la entrega de una cosa, ora en prestaciones personales (servicios). (Véase más sobre sus opiniones sobre el derecho de obligaciones aquí).

3) El derecho de familia considera al hombre como miembro de la más íntima comunidad ética en la vida, y abraza el derecho de matrimonio, así personal como real, el derecho de patria potestad, la tutela y el derecho de herencia.”

Términos relacionados

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Referencias

  1. Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2009. Microsoft Corporation, 2008.

Véase También

Sistema de Derecho Civil
Codificación
Common Law
Código Civil
Derecho Procesal Civil
Registro Civil
Responsabilidad Civil
Derecho de Familia
Derecho de Sucesiones
Teorías sobre la División del Derecho
Derecho internacional público
Division del Derecho en Público y Privado
Derecho Privado
Derecho procesal
Derecho ambiental
Derecho Penal
Derecho del Espacio
Derecho administrativo

Bibliografía

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Algunas Voces relacionadas con Derecho Civil en esta Plataforma Online

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Derecho Civil en el Derecho Español

Derecho Civil en 2001

Según el Diccionario Jurídico Espasa, Derecho Civil significa:

Derecho Civil – Introducción

Definición de DERECHO CIVIL en Derecho español

El que regula las relaciones entre las personas y sus bienes. El regulador de las Instituciones de Derecho privado común. Sistema de normas de carácter general o común que regulan las relaciones jurídicas de los particulares (individuos o entes colectivos) dentro del agregado social protegiendo la persona en sí misma y sus intereses tanto en el orden moral, como en el orden patrimonial.

Derecho Civil en otras Referencias Legales

Derecho Civil en la Plataforma

Derecho Civil en el Diccionario Legal

Derecho Civil en la Enciclopedia española del Derecho

Derecho Civil en la Normativa española

A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto y Caracteres de Derecho Civil

Definición y descripción de Derecho Civil ofrecido por el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la Suprema Corte de Justicia de México: (escrito por Ignacio Galindo Garfias) La noción general del derecho civil, sus raíces históricas y su función. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es conveniente hacer una referencia así sea breve, a su desarrollo con el fin de tratar de percibir en lo posible su sentido humanista, constante en su secuencia milenaria y su posición actual en el ordenamiento.Entre las Líneas En el derecho romano, la expresión jus civile no fue unívoca: por una parte se entendía por derecho civil todo el sistema jurídico romano, sistema no comprendido en el derecho de gentes; en los primeros tiempos de la República se decía derecho civil para referirse al derecho quiritario y con no poca frecuencia se aludía a la interpretación de los prudentes identificando así esa labor jurisprudencial con el derecho civil. También se oponía el concepto al jus honorarium proveniente del edicto del pretor. No obstante estas varias acepciones, en el derecho romano el jus civile llegó finalmente a comprender por entero el orden jurídico así público como privado y terminó por abrazar en su denotación normas emanadas del derecho natural, y por fin, del derecho de gentes, a través de las interpretaciones de prudentes y del just honorarium. A la caída del imperio romano y en la Edad Media.

Historia Medieval
La Edad Media es el periodo de la historia europea que comenzó con el colapso de la civilización romana en el siglo V de nuestra era y duró hasta los albores del Renacimiento en los siglos XIII, XIV o XV. En este intervalo de tiempo se desarrolló el estilo artístico y arquitectónico gótico, con arbotantes y todo. También fue la época de las Cruzadas y de la monarquía papal, y fue durante este periodo cuando surgió la idea de Europa como una unidad cultural distinta.

El periodo medieval fue una época turbulenta de guerras, hambrunas y rápido crecimiento de la población. A pesar de acontecimientos catastróficos como la peste negra, el periodo medieval también fue testigo del crecimiento económico y los avances tecnológicos. Esta plataforma intenta ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo era la vida en el periodo medieval. Analiza cómo los cambios radicales alteraron la vida de los civiles comunes y se exploran los principales acontecimientos, batallas y descubrimientos de la época.

Los mitos y las leyendas cristianas
Estos se adaptaron a las nuevas tradiciones a medida que la fe se expandía más allá de su entorno cultural original del Mediterráneo hacia el norte de Europa. Durante el proceso de expansión surgieron nuevos santos y mártires, y sus milagros y otros actos piadosos se registraron en obras hagiográficas. Al igual que antes, los santos y sus reliquias eran conocidos por sus curaciones milagrosas, pero también realizaban milagros asociados a las nuevas condiciones sociales, como la liberación de los peticionarios de la cárcel. Además, apareció un nuevo género hagiográfico que describía la práctica de la furta sacra ("robo sagrado"). Estos relatos, el más famoso de los cuales es el de San Nicolás, detallan la práctica de robar las reliquias de los santos, es decir, quitar las reliquias de un santuario y colocarlas en otro. Los relatos describen los milagros ocurridos en el proceso, incluida la falta de voluntad del santo para moverse y la incapacidad del santo ladrón para trasladar las reliquias.

Los eruditos y teólogos medievales recopilaron no sólo nuevas vidas de los santos, sino también nuevas vidas del enemigo final de los santos, el Anticristo. Basándose en las Escrituras y en las antiguas tradiciones, la leyenda del Anticristo tomó forma en la antigüedad tardía y en la primera Edad Media. En el siglo X, Adso de Montier-en-Der recogió estas tradiciones en su popular e influyente Epistola ad Gerbergam reginam de ortu et tempore Antichristi ("Carta a la reina Gerberga sobre el lugar y el tiempo del Anticristo"), un espejo en el negativo de las vidas de Jesús y los santos. El tratado de Adso se convirtió en el relato estándar de la vida del Anticristo.

Una leyenda relacionada es la del "Último Emperador". El mito comenzó a formarse ya en el siglo IV, y en el siglo VII la leyenda se plasmó aún más en la obra siríaca del Pseudo-Metodio, que escribió en respuesta a la expansión del Islam en territorios cristianos. Traducido al griego y al latín, el Pseudo-Metodio sirvió de base para que los escritores del Occidente latino siguieran reelaborando la leyenda en los siglos X y XI. La leyenda describe los actos del último emperador del mundo, que se levantará con gran ira para luchar contra los enemigos de la fe. Establecerá la paz antes de luchar y derrotar a los ejércitos de Gog y Magog. Luego se dirigirá a Jerusalén, donde ofrecerá su corona a Cristo, que la llevará junto con el espíritu del emperador al cielo. Tras el ascenso del espíritu del emperador al cielo, el Anticristo aparecerá en Jerusalén y se librará la batalla final entre el bien y el mal.

Gobiernos en la Edad Media
Visto desde el punto de vista de los milenios, la caída del Imperio Romano fue un acontecimiento tan común que resulta casi sorprendente que se haya derramado tanta tinta en el intento de explicarlo. Los visigodos no eran más que uno de los pueblos que habían sido desalojados de la estepa de la forma habitual. Ellos y otros, incapaces de romper las defensas de la Persia sāsānica o del Imperio romano en Oriente (aunque estuvo a punto), sondearon más al oeste y al final encontraron el punto de debilidad que buscaban en los Alpes y el Rin.

Lo que realmente hay que explicar es el hecho de que el Imperio de Occidente nunca fue restaurado. En otros lugares los tronos imperiales nunca estuvieron vacantes por mucho tiempo. Así, en China, después de cada época de problemas, una nueva dinastía recibía "el mandato del cielo", y un nuevo emperador, o "hijo del cielo", reconstruía el orden. Por ejemplo, en el año 304 de la era cristiana, los nómadas hunos invadieron China y siguió un largo período de desorden, pero a principios del siglo VII la dinastía Tang tomó el mando y comenzó 300 años de gobierno. Patrones similares marcan la historia de India y Japón.

Los europeos no lograron emular esa historia. Justiniano I, el más grande de los emperadores romanos orientales (bizantinos), reconquistó grandes partes de Occidente en el siglo VI, aunque la destrucción causada por sus soldados empeoró las cosas en lugar de mejorarlas. En el año 800, Carlomagno, rey de los francos, fue coronado por el Papa como emperador de los romanos. En siglos posteriores, las dinastías de los Hohenstaufen y los Habsburgo intentaron restaurar el imperio, y hasta el siglo XIX lo hizo Napoleón I. Ninguno de esos intentos tuvo éxito. Probablemente, la oportunidad sólo fue real en el primer periodo, antes de que Europa occidental se acostumbrara a prescindir de un señor. Pero en esa época nunca hubo suficiente espacio para que la sociedad recuperara su estabilidad y fuerza. La mayoría de los reinos bárbaros, estados sucesores de Roma, sucumbieron ante asaltantes posteriores. Gran Bretaña se separó del imperio en el siglo V; los pequeños reinos de los anglos y sajones acababan de reunirse en un solo reino, Inglaterra, cuando comenzaron las invasiones vikingas. En el siglo VII los árabes conquistaron el norte de África; en el VIII tomaron España e invadieron la Galia. Lombardos, ávaros, eslavos, búlgaros y magiares invadieron Europa desde el este. Hasta la victoria del rey alemán Otón I sobre los magiares en Lechfeld, en el año 955, no cesaron esas incursiones, y hasta finales del siglo XI la cristiandad latina no estuvo más o menos segura dentro de sus fronteras, y para entonces llevaba más de 600 años sin un emperador efectivo.

Feudalismo
Varias instituciones habían surgido para llenar el vacío. La Iglesia cristiana, contra todo pronóstico, había mantenido viva la luz de la religión y el saber y había difundido lo que quedaba de la civilización romana en Irlanda, Inglaterra, Europa central y Escandinavia. También proporcionó una reserva de alfabetización para el día en que el gobierno profesional volviera a ser posible. Los reyes de los bárbaros, de los cuales Carlomagno fue el más grande, habían proporcionado liderazgo militar y tratado de adquirir algo del prestigio y la maquinaria gubernamental de los emperadores romanos. Pero los tiempos difíciles, en los que el comercio y la vida urbana eran mínimos, hicieron que el poder efectivo recayera en quienes controlaban la tierra y sus productos: una aristocracia militar de grandes estados y feudos (feodum en latín, de ahí "sistema feudal"). Los aristócratas se autodenominaban nobles a la manera romana y se apropiaban de varios títulos imperiales tardíos, como comes (conde) y dux (duque). Pero esos títulos eran mera decoración. Los nuevos reyes, al carecer de la maquinaria fiscal imperial, no podían pagar ejércitos permanentes. Además, era la época en la que el caballero fuertemente blindado dominaba la guerra. Era una fuerza autónoma y, por tanto, un instrumento mucho menos fiable que el legionario romano. Desde el punto de vista legal, los nuevos amos de la tierra eran los servidores de los distintos reyes y príncipes (la máxima era que todo hombre tenía un señor), pero en la práctica podían ignorar las reclamaciones reales si así lo deseaban. Europa cayó así bajo el dominio de los caballeros acorazados, y el curso de los siguientes cientos de años da motivos para pensar que los demócratas de Grecia tenían razón al desconfiar de la idea misma de oligarquía, pues la nota clave del gobierno nobiliario parecía ser la guerra casi incesante.

El surgimiento del derecho y del Estado-nación
Sin embargo, incluso en su apogeo, los aristócratas militares nunca se salieron con la suya. Las monarquías fuertes se desarrollaron gradualmente en Inglaterra, Francia y, un poco más tarde, en la Península Ibérica. Durante el periodo más vigoroso del papado (c. 1050-1300), la Iglesia Católica Romana pudo modificar, si no controlar, el comportamiento de los barones. El comercio se reactivó gradualmente y trajo consigo una revitalización no sólo de la ciudad, sino también de la ciudad-estado en Italia, Renania y los Países Bajos, ya que los nuevos y prósperos burgueses podían ahora permitirse el lujo de construir fuertes murallas alrededor de sus ciudades, y a la nobleza le resultaba difícil reunir fuerzas suficientes para asediarlas con éxito. Incluso los campesinos se manifestaban de vez en cuando en sangrientas revueltas, y la propia nobleza distaba mucho de ser una clase homogénea o unida.

La Europa medieval, de hecho, era un caleidoscopio constantemente cambiante de acuerdos políticos; en la medida en que alguna vez se asentó, lo hizo sobre el principio de que, dado que las pretensiones de poder y propiedad de todos eran frágiles e inconsistentes con las de los demás, era necesario un cierto grado de tolerancia mutua. Esto explica la gran importancia concedida a la costumbre, o (como se llamaba en Inglaterra) al derecho común. Las disputas todavía se resolvían a menudo por la fuerza, especialmente cuando los reyes eran los contendientes, pero el europeo medieval llegó a ser casi tan aficionado a la ley como a la batalla. Todos los grandes estados se vieron envueltos en pleitos casi permanentes sobre la propiedad de la tierra y los derechos y privilegios que la acompañaban, y la centralización de la iglesia en la corte papal de Roma aseguró aún más trabajo para los abogados, los más grandes de los cuales comenzaron a fusionarse con la nobleza militar en una aristocracia de nuevo tipo. Los derechos, títulos y privilegios se concedían, revocaban y reafirmaban constantemente. Las escrituras en pergamino (de las cuales la Carta Magna, exigida al rey Juan de Inglaterra por sus súbditos en 1215, fue quizá la más famosa) llegaron a regular las relaciones políticas, sociales y económicas al menos tanto como la espada. De este modo renació la idea del Estado de Derecho. A principios de la Edad Moderna, los privilegios legalmente demostrables se habían convertido en el cemento universal de la sociedad europea. De este modo, los débiles pudieron sobrevivir junto a los fuertes, ya que todos en Europa sabían a qué orden de la sociedad pertenecían.

Sin embargo, había un dinamismo en la sociedad europea que impedía que se fijara permanentemente en algún patrón. La Europa en evolución de los órdenes privilegiados era también la Europa de las monarquías en ascenso. Con muchos contratiempos, los reyes se hicieron con el poder; en 1500 la mayoría de ellos presidían burocracias (inicialmente dotadas de clérigos) que habrían impresionado a cualquier emperador romano. Pero el imperio universal seguía siendo imposible. Las bases de las nuevas monarquías eran puramente territoriales. Los reyes de Inglaterra, Francia y España tenían bastante con imponer su autoridad dentro de las tierras que habían heredado o arrebatado y con machacar sus reinos hasta conseguir algún tipo de uniformidad. Ese impulso explica las guerras de los ingleses contra los galeses, escoceses e irlandeses; el impulso de los reyes franceses hacia los Alpes, los Pirineos y el Rin; y el rigor de los reyes españoles a la hora de imponer el catolicismo a sus súbditos judíos y moros. La uniformidad preparó el camino para la forma de gobierno más característica del mundo moderno, el Estado-nación.

Esta entidad, al igual que la ciudad-estado a la que sustituyó, tenía y tiene una doble vertiente. Una nación o un pueblo puede existir sin adoptar la forma de un Estado: la geografía física, el interés económico, la lengua, la religión y la historia, todos juntos o en uno y dos, pueden crear una identidad generalmente aceptada y reconocida sin una organización política. Los kurdos son un ejemplo de este tipo de nación. Pero tal identidad puede, en las circunstancias adecuadas, proporcionar una base sólida para el gobierno, y la búsqueda de las monarquías territoriales de engrandecimiento externo y uniformidad administrativa pronto comenzó, medio deliberadamente, a explotar esa posibilidad.

La Inglaterra Medieval
Incluye lo siguiente:

  • De Britannia a Gran Bretaña
  • La Bretaña romana y los orígenes del Rey Arturo
  • Los primeros reinos anglosajones
  • La conversión de los anglosajones
  • Trabajo y fe en la Inglaterra anglosajona
  • Las invasiones vikingas
  • Alfredo el Grande
  • El gobierno de la Inglaterra anglosajona
  • La edad de oro de los anglosajones
  • La segunda conquista vikinga
  • La conquista normanda
  • El reinado de Guillermo el Conquistador
  • Conflicto y asimilación
  • Enrique I - El León de la Justicia
  • La anarquía del reinado de Esteban
  • Enrique II-Derecho y Orden
  • Enrique II-La expansión del Imperio
  • El amor cortés
  • Ricardo Corazón de León y la Tercera Cruzada
  • El rey Juan y la Carta Magna
  • La vida cotidiana en el siglo XIII
  • El desastroso reinado de Enrique III
  • Las conquistas de Eduardo I
  • Eduardo II - Derrota y deposición
  • Eduardo III y la Guerra de los Cien Años
  • El florecimiento de la caballería
  • La peste negra
  • La revuelta de los campesinos de 1381
  • Chaucer y el auge del inglés
  • La deposición de Ricardo II
  • La vida cotidiana en el siglo XV
  • Enrique V y la victoria en Agincourt
  • Enrique VI-Derrota y división
  • Las Guerras de las (2) Rosas
  • Ricardo III - Traición y derrota: Ricardo III gobernó como rey de Inglaterra durante poco más de dos años, pero su vida abarcó tres décadas de guerra civil, el período de agitación y traición que llamamos las Guerras de las Rosas.
  • Inglaterra en 1485

El Trabajo Agrícola e Industrial en la Edad Media
La organización del trabajo y la división del mismo, que podría decirse que alcanzaron su punto álgido durante el Imperio Romano, decayeron a medida que éste se desintegraba. La fragmentación social y política y la decadencia económica de finales del imperio redujeron la mayor parte de Europa occidental a unidades económicas autosuficientes de pequeña escala. A medida que esto ocurría, el mercado de la producción especializada desapareció hasta que el comercio y la vida urbana revivieron en forma de la nueva sociedad feudal. El crecimiento del comercio interregional estimuló la demanda de artesanía especializada que sirviera a los mercados crecientes.

Importantes innovaciones tecnológicas en la agricultura, la energía, el transporte, la metalurgia y las máquinas crearon nuevas formas de especialización. La aparición de la nueva clase burguesa, con un rápido crecimiento de la riqueza y la amplitud de las empresas, proporcionó la base para una gestión más racional de la producción. Estas fuerzas sociales aceleraron el auge de la industrialización.

Estructura de clases
Las divisiones sociales, o estructura de clases, en el mundo medieval reflejaban una división del trabajo. La clase noble contribuía esencialmente a la organización del trabajo. Como controlaban la tierra, básica para la producción en esta sociedad agraria, los nobles eran los únicos que poseían la riqueza necesaria para adquirir los productos de los artesanos, comprar mercancías traídas de lejos, adquirir las armas y armaduras fabricadas por los metalúrgicos y construir castillos y fortalezas. Los señores también decidían, de acuerdo con la costumbre imperante, cómo debía organizarse el trabajo agrícola.

El clero era a la vez consumidor y productor y su principal responsabilidad era la atención espiritual de sus feligreses. Los monasterios eran unidades agrarias autosuficientes que a menudo producían un excedente para el comercio; de hecho, los monjes experimentaban en la mejora de las técnicas agrícolas y en la producción de quesos y vinos especiales que se vendían fuera del monasterio. Por último, las grandes iglesias requerían especialistas en vidrieras, fundición de campanas, cantería, talla de madera y otros oficios.

El grueso de la población estaba formado por agricultores de diversa condición jurídica y social. La mayoría eran siervos ligados a las parcelas que sus antepasados habían cultivado y prestaban servicios o bienes al señor del señorío, que les brindaba protección a cambio. Unos pocos habitantes del señorío eran arrendatarios o aparceros, que alquilaban la tierra a cambio del pago de una parte de los productos. Menos aún eran los jornaleros libres que trabajaban a cambio de un salario. La esclavitud prácticamente ha desaparecido. Como el señorío era prácticamente autosuficiente, los campesinos de cualquier condición realizaban diversas tareas relacionadas con su ocupación agrícola.

La producción agrícola
Cuatro factores interrelacionados determinaron la organización del trabajo de la agricultura medieval: la autosuficiencia económica del señorío, el desarrollo de la agricultura mixta basada en el cultivo y la ganadería, mejoras tecnológicas como el arado de ruedas pesadas y el collar de caballos rígidos, y el sistema de tenencia de la tierra y la división de las explotaciones. Cada hogar campesino producía casi todo lo que necesitaba. Las excepciones incluían el uso de un molino o lagar feudal por el que los campesinos no pagaban en dinero, sino con un porcentaje de la cosecha procesada.

Mientras que la ganadería y la producción de cultivos habían sido empresas separadas en la antigüedad, ambas se combinaron durante la Edad Media en el noroeste de Europa. El ganado se criaba para ser utilizado como animal de tiro y para alimentarse, y como el rendimiento de los campos de cereales no superaba en mucho las necesidades humanas, el ganado se pastoreaba en las tierras pobres o en los campos cosechados. Así, se reservaba cierta cantidad de tierra para el pastoreo, y algún aldeano, normalmente un miembro de la comunidad de mayor edad, se convertía en pastor.

La organización comunal se veía favorecida por los acuerdos de tenencia de la tierra y por la forma en que se dividía la tierra cultivable entre los aldeanos. Para asegurar un reparto equitativo, la tierra se dividía en grandes campos. Cada campesino poseía franjas en cada campo, lo que significaba que las labores de arado, siembra y cosecha debían realizarse en común y al mismo tiempo.

El arado de ruedas, introducido gradualmente a lo largo de varios siglos, reforzó aún más la organización del trabajo comunal. Los arados anteriores se limitaban a arañar la superficie del suelo. El nuevo arado estaba equipado con una cuchilla pesada para cavar bajo la superficie, lo que hizo posible los campos en franjas. Sin embargo, como el nuevo arado requería una yunta de ocho bueyes -más de los que poseía un solo campesino-, el trabajo de arado (y, de hecho, todo el trabajo pesado de la finca) se realizaba en común. Este sistema dejaba poco margen para la iniciativa individual; todos seguían las rutinas establecidas, y el ritmo de trabajo lo marcaba la yunta de bueyes.

Los gremios artesanales
A diferencia de los siervos de la tierra, los ciudadanos de la Edad Media eran libres. Algunos se dedicaban al comercio y formaban grupos conocidos como gremios de mercaderes. La mayoría, sin embargo, eran pequeños comerciantes-artesanos, organizados en gremios artesanales en forma de maestros (de mayor nivel y categoría), oficiales (de nivel medio) y aprendices (principiantes). El maestro medieval solía ser muchas cosas a la vez: un trabajador cualificado; un capataz que supervisaba a los oficiales y aprendices; un empleador; un comprador de materias primas o semielaboradas; y un vendedor de productos acabados. Como los artesanos medievales empleaban herramientas manuales sencillas, la propia habilidad del trabajador determinaba la cantidad y la calidad de su producción. Los aprendices y oficiales pasaban por largos períodos de aprendizaje bajo la dirección de un obrero más experimentado. Cuando lograba producir una "obra maestra" que cumplía con la aprobación de los maestros del gremio, el artesano obtenía la admisión plena en el gremio.

Los gremios artesanales se organizaban mediante reglamentos. Al controlar las condiciones de ingreso en un oficio, los gremios limitaban la oferta de mano de obra. Al definir los salarios, los horarios, las herramientas y las técnicas, regulaban tanto las condiciones de trabajo como el proceso de producción. También fijaban las normas de calidad y los precios. De carácter monopólico, los gremios, solos o combinados, buscaban el control total de sus propios mercados locales. Para conseguir y proteger su monopolio, los gremios adquirieron una voz política y en algunas localidades lograron el derecho a elegir a varios de sus miembros en el consejo municipal. En algunas ciudades, como Lieja, Utrecht y Colonia, los gremios alcanzaron el control político total. Los 32 gremios artesanales de Lieja, por ejemplo, dominaban la ciudad desde 1384 hasta el punto de que nombraban al consejo municipal y a los gobernantes y exigían que todas las decisiones cívicas importantes fueran aprobadas por la mayoría de sus miembros.

Los gremios artesanales alcanzaron su máxima prosperidad en el siglo XIV. Las especialidades se habían diferenciado tanto que las ciudades más grandes solían tener más de 100 gremios. En el norte de Europa, por ejemplo, al principio del periodo, los carpinteros construían casas y fabricaban muebles. Con el tiempo, la fabricación de muebles se convirtió en un nuevo oficio, el de la ebanistería, y los ebanistas se separaron de los carpinteros para establecer sus propios gremios. Los talladores y torneros (especializados en muebles torneados) también fundaron gremios. Los que pintaban y doraban los muebles y las tallas de madera también estaban representados por un gremio aparte.

Esta época de intensa especialización estuvo marcada por un movimiento contrario de amalgama de diferentes oficios, una tendencia que reflejaba el crecimiento del mercado y el deseo de los maestros emprendedores de ampliar sus capacidades comerciales. Esto se produjo a expensas de la función artesanal. Al proliferar la diferenciación artesanal, numerosos oficios acabaron produciendo artículos iguales o similares. Esto estimuló las fuerzas competitivas entre los artesanos, que necesitaban asegurarse materias primas y un mercado. Por ello, los maestros se vieron tentados a emplear a miembros de otros oficios, y los conflictos surgieron inevitablemente.

La misma ampliación del mercado condujo a la diferenciación de clases dentro de un oficio. A medida que la función comercial se hacía más importante, los que seguían siendo artesanos caían en una condición de dependencia de los comerciantes. Con el tiempo, los gremios de mercaderes -que originalmente sólo representaban a los comerciantes- absorbieron a los gremios artesanales.

Los gremios artesanales también sufrieron una ruptura en su estructura. Como los maestros querían quedarse con los beneficios del creciente mercado, dificultaban cada vez más el acceso de los oficiales a su clase, prefiriendo emplearlos como asalariados. Los aprendices tampoco tenían muchas esperanzas de ascender a la maestría. Así, la relación maestro-obrero-aprendiz dio paso a un acuerdo de empleador-empleado, en el que el maestro realizaba las funciones de comerciante mientras sus empleados hacían trabajos artesanales. Las condiciones para el desarrollo del sistema industrial primitivo surgieron de la desintegración de este sistema artesanal- gremial. Los oficiales excluidos acabaron convirtiéndose en una clase de trabajadores libres que practicaban su oficio a cambio de un salario fuera de las murallas de la ciudad, y fuera de las limitaciones de los reglamentos de los gremios.

La industria medieval: El sistema de despojo
Ciertas industrias, que eran pequeñas al principio de la Edad Media, llegaron a ser bastante grandes, y este crecimiento influyó en los cambios en la organización del trabajo. La más importante fue la industria de la lana.

Por razones de coste y disponibilidad, la lana fue el material básico de confección en Europa occidental hasta el comienzo de la época moderna. El lino y la seda eran demasiado costosos para su uso a gran escala, y el algodón sólo se cultivaba en pequeñas cantidades. La producción de telas a partir de la lana implicaba varias etapas que requerían mucho tiempo: la limpieza y el cardado (enderezar las fibras rizadas y anudadas esquiladas de las ovejas), el hilado de las fibras en forma de hilo, el tejido del hilo en forma de tela, el esquilado de los nudos y las asperezas, y el teñido. Todos estos procesos podían llevarse a cabo en un solo hogar campesino, ya que sólo requerían aparatos sencillos y habilidades rudimentarias. Normalmente, los niños cardaban la lana, las mujeres manejaban la rueca y los hombres trabajaban en las lanzaderas de los telares.

Las telas producidas con estas herramientas tan rudimentarias y con trabajadores relativamente poco cualificados eran toscas pero útiles. Sin embargo, los que estaban por encima de la clase campesina deseaban la ropa más cómoda y atractiva que producían los artesanos cualificados. La demanda resultante de mejores textiles hizo que la industria superara los medios de producción domésticos de los campesinos. Se instituyó una nueva organización del trabajo, llamada sistema de extracción, en la que un comerciante de paños compraba la lana cruda, la "sacaba" para cardarla, hilarla y tejerla, y luego la llevaba a los procesos de acabado con la ayuda de artesanos especializados. Como los hilanderos y tejedores seguían siendo campesinos, también se ganaban la vida con las parcelas en las que se encontraban sus casas, lo que significa que la agricultura y la industria se llevaban a cabo como una empresa integrada. El hombre podía trabajar en el campo mientras su mujer hilaba, y en invierno el hombre ayudaba en la producción textil. En la época de la cosecha, todas las manos estaban en el campo, dejando las ruecas y los telares temporalmente inactivos.

El sistema de producción doméstica se diferenciaba de la producción campesina en que el comerciante de telas, o empresario, compraba la lana en bruto y era el propietario del producto en todas las fases de su elaboración (los artesanos seguían siendo propietarios de sus propias ruecas, telares y otras herramientas). Así, el campesino llegó a trabajar con materiales que no le pertenecían. Por otra parte, el trabajo se realizaba en el hogar (conocido como sistema cottage o sistema doméstico) y no en una fábrica, y el trabajo avanzaba al ritmo del trabajador. El comerciante se limitaba a organizar el trabajo estableciendo el orden y la secuencia de los distintos procesos técnicos, y no supervisaba el rendimiento real de los trabajadores. Sin embargo, el comerciante pañero que empezaba a fabricar telas llegó a controlar todo el proceso de producción. Esto representó un paso hacia el capitalismo industrial que surgió en el siglo XIX.

Avances tecnológicos
El crecimiento de la escala del comercio durante la Edad Media fue acompañado de avances en la tecnología. Ambos fenómenos contribuyeron a transformar la naturaleza del trabajo. Las aplicaciones de la energía eólica y la hidráulica tuvieron una importancia capital y marcaron el inicio de la sustitución del trabajo humano por la fuerza de las máquinas. A partir de finales del siglo X, las ruedas hidráulicas, utilizadas durante mucho tiempo para moler el grano, se aplicaron a muchos procesos industriales, como el curtido, el prensado de aceitunas, el aserrado de madera, el pulido de armaduras, la pulverización de piedra y el funcionamiento de fuelles de altos hornos. El primer molino de viento de eje horizontal apareció en Europa occidental en 1185, y en poco tiempo se podían encontrar molinos desde el norte de Inglaterra hasta Oriente Medio.

La mecanización del proceso de batanado (es decir, encogimiento y engrosamiento) de la tela ilustra la forma en que la tecnología cambió la naturaleza del trabajo. Hasta el siglo XIII, el batán se realizaba pisoteando la tela o golpeándola con un bate de batán. El batán inventado durante la Edad Media supuso una doble innovación: en primer lugar, dos martillos de madera sustituían a los pies humanos y, en segundo lugar, los martillos se elevaban y bajaban gracias a la fuerza de un molino de agua. Sólo se necesitaba un hombre para mantener el paño en movimiento en la artesa, que se llenaba de agua y tierra de batán. La mecanización del batán también hizo que la industria del paño se trasladara a lo largo de los arroyos, a menudo lejos de los centros textiles urbanos establecidos.

Quizás el mejor ejemplo de especialización del trabajo en la Edad Media se encuentre en la industria minera de metales a gran escala en Europa central. Además del Bergmeister ("maestro minero"), el principal administrador de la mina, había una jerarquía de personal administrativo y técnico y una serie de artesanos y mecánicos especializados en diferentes fases de la operación minera: mineros, palas, operadores de molinetes, transportistas, clasificadores, lavadores y fundidores. Las minas funcionaban cinco días a la semana durante las 24 horas, con la jornada laboral dividida en tres turnos de siete horas y las tres horas restantes utilizadas para cambiar de turno. Siempre que era posible se utilizaba la fuerza de los animales, con equipos de ocho caballos enganchados por parejas para hacer girar los molinetes y elevar los cubos de mineral o drenar el agua de la mina. Todos los tipos de bombas (para el drenaje de las minas, y bombas de succión) eran manejadas por mecánicos especializados.

Los fuelles para la ventilación de la mina se accionaban con fuerza humana y animal o con fuerza hidráulica. Otros procesos mineros estaban menos mecanizados y se llevaban a cabo de forma muy similar a la de la antigüedad. Los minerales sacados a la superficie se llevaban a una mesa de selección en la que las mujeres, los niños y los ancianos separaban las piezas a mano, colocando los minerales buenos en tinas de madera que se llevaban a los hornos para su fundición.

Construcción de monumentos
La mecanización que fue cambiando la organización del trabajo a lo largo del periodo medieval se hizo poco evidente en la construcción de castillos, catedrales y murallas. Las tecnologías que implicaban el levantamiento de pesos, por ejemplo, habían progresado poco durante la Edad Media y, como los masones se negaban a manejar grandes bloques de piedra, las estructuras románicas y góticas se construyeron con bloques de piedra más pequeños, logrando sin embargo grandeza en la escala. La organización de la mano de obra difiere mucho de la empleada en la antigüedad. Estos grandes monumentos fueron construidos por trabajadores libres como carpinteros, vidrieros, techadores, fundidores de campanas y muchos otros artesanos, además de los canteros.

Se puede aprender mucho sobre la naturaleza de la construcción medieval estudiando los registros de estos proyectos, así como los monumentos que se construyeron. Durante mucho tiempo se creyó que los artesanos medievales, especialmente los que se dedicaban a la construcción de catedrales, eran artesanos humildes y desinteresados que trabajaban piadosa y anónimamente para la gloria de Dios y para su propia salvación. Los estudiosos han desmontado este mito. Los constructores medievales solían dejar sus nombres o firmas en sus obras, y los registros que se conservan muestran nombres, salarios y, en ocasiones, protestas por los sueldos. Había un alto grado de individualismo. Los artesanos no eran en absoluto anónimos: los historiadores han descubierto más de 25.000 nombres de quienes trabajaron en las iglesias medievales. Se ha llegado a la conclusión de que los artesanos medievales eran relativamente libres y sin trabas en comparación con sus homólogos de la antigüedad.

El maestro de obras dirigía a los artesanos del gremio y hacía las veces de arquitecto, funcionario administrativo, contratista y supervisor técnico. Diseñaba los moldes, o patrones, utilizados para cortar las piedras para los intrincados diseños de puertas, ventanas, arcos y bóvedas. También diseñaba el edificio en sí, generalmente copiando sus elementos de estructuras anteriores en las que había trabajado, ya sea como maestro o durante su aprendizaje. Dibujaba sus planos en pergamino. Como administrador, llevaba la contabilidad, contrataba y despedía a los trabajadores y se encargaba de la adquisición de materiales. Como supervisor técnico, estaba constantemente presente para tomar decisiones y planes puntuales. En los proyectos de mayor envergadura, contaba con la ayuda de subalternos.

se distinguió el derecho civil del derecho canónico, contenido en la primera compilación de Justiniano. Debe advertirse que en el medievo, y como consecuencia de la desintegración del imperio romano en principados, condados y señoríos y más tarde al aparecer el régimen feudal, el derecho civil recibió la influencia de los derechos germánicos y quedó integrado únicamente por normas de derecho privado, pues las disposiciones de derecho público que rigieron durante el imperio ya no hallaron campo de aplicación de una sociedad que había perdido la unidad política en la cual las relaciones entre el señor y sus vasallos, fundadas en la propiedad de la tierra, se regían por los principios de derecho privado recogidos en compilación de Justiniano, ampliados por los comentaristas medievales. Esta identificación entre el derecho civil y el derecho privado, aparece bien clara en la obra de Domat en el siglo XVIDicho autor escribió su obra Les lois civiles dans leur ordre naturel y, separadamente dio a la estampa otro trabajo titulado Le droit public En Francia, durante la Revolución los autores señalan una época de transición entre el derecho feudal y el derecho moderno, periodo que se denomina intermedio y se sitúa entre la Asamblea Nacional (17 de junio de 1789) y el 21 de marzo de 1804 en que se promulgó el Código Civil de los franceses (Código Napoleón), que abrogó todo el derecho antiguo contenido en las costumbres, en el derecho romano y en el derecho germánico.

Desarrollo

Como se sabe el Código Civil francés de 1804 es el antecedente de todo el movimiento codificador de los países europeos y americanos de cultura latina y de tradición jurídica continental europea.

Más Detalles

Más Detalles

La evolución del derecho civil no ha cesado, de la misma manera que sigue avanzando la cultura y la técnica de la humanidad; pero hoy en día el jurista ha de trabajar, como lo apunta certeramente René Savatier, con datos que se transforman a una velocidad jamás vista antes, y el derecho civil se enfrenta a ese problema, ante el cual al derecho privado compete la misión, de preservar los principios milenarios del derecho y la justicia. Debe reconocerse, por otra parte, que se está operando en el seno de las instituciones civiles una transformación que atañe a las ideas de libertad, de igualdad, en las relaciones humanas y de reparación del daño causado a otro. Estas mutaciones que constituyen una exigencia económica y social, se expresan en el derecho a través de la necesidad de revisar los conceptos de autonomía de la voluntad, equilibrio de las prestaciones contractuales y de la responsabilidad por el uso de cosas peligrosas.Entre las Líneas En lo que se refiere al derecho de familia, las transformaciones son aún más ingentes si cabe, tanto en las relaciones conyugales como paternofiliales y en los conceptos de patria potestad y de protección del menor. El profesor francés antes citado enseña que las relaciones familiares, consideradas hasta hoy como un complejo de derechos y obligaciones recíprocas, se transforman gracias a un elemento muy importante, a saber: la solidaridad que sustentada en la recíproca ayuda que deben prestarse sus componentes, constituye el fundamento y razón de las relaciones familiares que se explican no solo como relaciones jurídicas sino esencialmente como relaciones afectivas, de las cuales aquellas son solo una expresión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Derecho Civil: Consideraciones Generales

La Materia Propia de Derecho Civil en relación a Concepto y posición sistemática del derecho civil y la codificación civil

Dentro del contenido de la parte general del Derecho Civil, persona y familia, la presente sección hará una breve referencia a las siguientes cuestiones: la materia propia de derecho civil, en el contexto de Concepto y posición sistemática del derecho civil, y la codificación civil, y en conexión con las normas jurídicas, su aplicación y eficacia, así como los derechos subjetivos y su ejercicio).

En España

Parte de lo dispuesto en esta sección sobre la materia propia de derecho civil, puede aplicarse al derecho civil español. Explórese, en caso de interés.Derecho Civil

Elementos de Derecho Civil

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  • Derechos Personalísimos
  • Material Normativo Civil
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Derechos Reales, Cosas, Bienes Muebles

En el contexto del derecho internacional y comparado, esta sección se ocupará de lo siguiente: Derechos reales, Cosas, Bienes muebles. Véase asimismo más sobre esta materia y algunas cuestiones conexas en esta plataforma.

Definición de Derecho Civil

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Esta sección introducirá y discutirá las dinámicas cambiantes de derecho civil, con el objetivo de examinar su desarrollo actual.

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    • Proceso Civil
    • Derecho Civil

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Traducción de Derecho civil

Inglés: Civil law
Francés: Droit civil
Alemán: Bürgerliches Recht
Italiano: Diritto civile
Portugués: Direito civil
Polaco: Prawo cywilne

Tesauro de Derecho civil

Derecho > Derecho civil

Véase También

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Traducción de Derecho civil

Inglés: Civil law
Francés: Droit civil
Alemán: Bürgerliches Recht
Italiano: Diritto civile
Portugués: Direito civil
Polaco: Prawo cywilne

Tesauro de Derecho civil

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            • Bienes Muebles
            • Derechos Reales
            • Cosas
            • Bienes Muebles

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Véase También

Bibliografía

Batiza, Rodolfo, Las fuentes del Código Civil de 1928, introducción, notas y textos de sus fuentes originales no reveladas, México, Porrúa, 1979; Galindo Garfias, Ignacio, Derecho civil; parte general, personas y familias; 5a. edición, México, 1982; García Téllez, Ignacio, Motivos, colaboración y concordancias del nuevo código civil mexicano, México, 1932; Mozos, José Luis de los, Derecho civil español, tomo I., Parte general, volumen I, Introducción al derecho civil, Salamanca, 1977; Ortiz Urquidi, Raúl, Derecho civil (parte general); introducción, teoría del derecho (ubicación del civil), teoría y técnica de aplicación de la norma (generalmente por los organismos y autoridades públicas, incluido las fuerzas y cuerpos de seguridad y orden público), teoría general del negocio jurídico, México, Porrúa, 1977; Piña, Rafael de, Elementos de derecho civil mexicano, tomo I, Introducción, personas y familia; 10a. edición, México, Porrúa, 1980; Rojina Villegas, Rafael, Derecho civil mexicano, tomo I. Introducción y personas; 3a. edición, México, Porrúa, 1980; Savatier, René, Les metamorphosis économiques et sociales du droit civil d’ajourd’hui; 2a. edición, París, 1952-1959, 3 volúmenes

Recursos

Véase También

Otras entradas sobre Instrumentos Legislativos en esta Enciclopedia Legal

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Derecho Civil en el Derecho

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Guías de Derecho Comparado

Guías ABC

Guías Esenciales

Definición de Derecho Civil del Diccionario de Términos de Seguros, Reaseguros y Financieros: El que regula las relaciones privadas de los ciudadanos entre sí. Nota: Consulte más información sobre Derecho Civil (en inglés, sin traducción) en el Derecho anglosajón.A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto y Caracteres de Derecho Civil

Definición y descripción de Derecho Civil ofrecido por el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la Suprema Corte de Justicia de México: (escrito por Ignacio Galindo Garfias) La noción general del derecho civil, sus raíces históricas y su función. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es conveniente hacer una referencia así sea breve, a su desarrollo con el fin de tratar de percibir en lo posible su sentido humanista, constante en su secuencia milenaria y su posición actual en el ordenamiento.Entre las Líneas En el derecho romano, la expresión jus civile no fue unívoca: por una parte se entendía por derecho civil todo el sistema jurídico romano, sistema no comprendido en el derecho de gentes; en los primeros tiempos de la República se decía derecho civil para referirse al derecho quiritario y con no poca frecuencia se aludía a la interpretación de los prudentes identificando así esa labor jurisprudencial con el derecho civil. También se oponía el concepto al jus honorarium proveniente del edicto del pretor. No obstante estas varias acepciones, en el derecho romano el jus civile llegó finalmente a comprender por entero el orden jurídico así público como privado y terminó por abrazar en su denotación normas emanadas del derecho natural, y por fin, del derecho de gentes, a través de las interpretaciones de prudentes y del just honorarium. A la caída del imperio romano y en la Edad Media.

Historia Medieval
La Edad Media es el periodo de la historia europea que comenzó con el colapso de la civilización romana en el siglo V de nuestra era y duró hasta los albores del Renacimiento en los siglos XIII, XIV o XV. En este intervalo de tiempo se desarrolló el estilo artístico y arquitectónico gótico, con arbotantes y todo. También fue la época de las Cruzadas y de la monarquía papal, y fue durante este periodo cuando surgió la idea de Europa como una unidad cultural distinta.

El periodo medieval fue una época turbulenta de guerras, hambrunas y rápido crecimiento de la población. A pesar de acontecimientos catastróficos como la peste negra, el periodo medieval también fue testigo del crecimiento económico y los avances tecnológicos. Esta plataforma intenta ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo era la vida en el periodo medieval. Analiza cómo los cambios radicales alteraron la vida de los civiles comunes y se exploran los principales acontecimientos, batallas y descubrimientos de la época.

Los mitos y las leyendas cristianas
Estos se adaptaron a las nuevas tradiciones a medida que la fe se expandía más allá de su entorno cultural original del Mediterráneo hacia el norte de Europa. Durante el proceso de expansión surgieron nuevos santos y mártires, y sus milagros y otros actos piadosos se registraron en obras hagiográficas. Al igual que antes, los santos y sus reliquias eran conocidos por sus curaciones milagrosas, pero también realizaban milagros asociados a las nuevas condiciones sociales, como la liberación de los peticionarios de la cárcel. Además, apareció un nuevo género hagiográfico que describía la práctica de la furta sacra ("robo sagrado"). Estos relatos, el más famoso de los cuales es el de San Nicolás, detallan la práctica de robar las reliquias de los santos, es decir, quitar las reliquias de un santuario y colocarlas en otro. Los relatos describen los milagros ocurridos en el proceso, incluida la falta de voluntad del santo para moverse y la incapacidad del santo ladrón para trasladar las reliquias.

Los eruditos y teólogos medievales recopilaron no sólo nuevas vidas de los santos, sino también nuevas vidas del enemigo final de los santos, el Anticristo. Basándose en las Escrituras y en las antiguas tradiciones, la leyenda del Anticristo tomó forma en la antigüedad tardía y en la primera Edad Media. En el siglo X, Adso de Montier-en-Der recogió estas tradiciones en su popular e influyente Epistola ad Gerbergam reginam de ortu et tempore Antichristi ("Carta a la reina Gerberga sobre el lugar y el tiempo del Anticristo"), un espejo en el negativo de las vidas de Jesús y los santos. El tratado de Adso se convirtió en el relato estándar de la vida del Anticristo.

Una leyenda relacionada es la del "Último Emperador". El mito comenzó a formarse ya en el siglo IV, y en el siglo VII la leyenda se plasmó aún más en la obra siríaca del Pseudo-Metodio, que escribió en respuesta a la expansión del Islam en territorios cristianos. Traducido al griego y al latín, el Pseudo-Metodio sirvió de base para que los escritores del Occidente latino siguieran reelaborando la leyenda en los siglos X y XI. La leyenda describe los actos del último emperador del mundo, que se levantará con gran ira para luchar contra los enemigos de la fe. Establecerá la paz antes de luchar y derrotar a los ejércitos de Gog y Magog. Luego se dirigirá a Jerusalén, donde ofrecerá su corona a Cristo, que la llevará junto con el espíritu del emperador al cielo. Tras el ascenso del espíritu del emperador al cielo, el Anticristo aparecerá en Jerusalén y se librará la batalla final entre el bien y el mal.

Gobiernos en la Edad Media
Visto desde el punto de vista de los milenios, la caída del Imperio Romano fue un acontecimiento tan común que resulta casi sorprendente que se haya derramado tanta tinta en el intento de explicarlo. Los visigodos no eran más que uno de los pueblos que habían sido desalojados de la estepa de la forma habitual. Ellos y otros, incapaces de romper las defensas de la Persia sāsānica o del Imperio romano en Oriente (aunque estuvo a punto), sondearon más al oeste y al final encontraron el punto de debilidad que buscaban en los Alpes y el Rin.

Lo que realmente hay que explicar es el hecho de que el Imperio de Occidente nunca fue restaurado. En otros lugares los tronos imperiales nunca estuvieron vacantes por mucho tiempo. Así, en China, después de cada época de problemas, una nueva dinastía recibía "el mandato del cielo", y un nuevo emperador, o "hijo del cielo", reconstruía el orden. Por ejemplo, en el año 304 de la era cristiana, los nómadas hunos invadieron China y siguió un largo período de desorden, pero a principios del siglo VII la dinastía Tang tomó el mando y comenzó 300 años de gobierno. Patrones similares marcan la historia de India y Japón.

Los europeos no lograron emular esa historia. Justiniano I, el más grande de los emperadores romanos orientales (bizantinos), reconquistó grandes partes de Occidente en el siglo VI, aunque la destrucción causada por sus soldados empeoró las cosas en lugar de mejorarlas. En el año 800, Carlomagno, rey de los francos, fue coronado por el Papa como emperador de los romanos. En siglos posteriores, las dinastías de los Hohenstaufen y los Habsburgo intentaron restaurar el imperio, y hasta el siglo XIX lo hizo Napoleón I. Ninguno de esos intentos tuvo éxito. Probablemente, la oportunidad sólo fue real en el primer periodo, antes de que Europa occidental se acostumbrara a prescindir de un señor. Pero en esa época nunca hubo suficiente espacio para que la sociedad recuperara su estabilidad y fuerza. La mayoría de los reinos bárbaros, estados sucesores de Roma, sucumbieron ante asaltantes posteriores. Gran Bretaña se separó del imperio en el siglo V; los pequeños reinos de los anglos y sajones acababan de reunirse en un solo reino, Inglaterra, cuando comenzaron las invasiones vikingas. En el siglo VII los árabes conquistaron el norte de África; en el VIII tomaron España e invadieron la Galia. Lombardos, ávaros, eslavos, búlgaros y magiares invadieron Europa desde el este. Hasta la victoria del rey alemán Otón I sobre los magiares en Lechfeld, en el año 955, no cesaron esas incursiones, y hasta finales del siglo XI la cristiandad latina no estuvo más o menos segura dentro de sus fronteras, y para entonces llevaba más de 600 años sin un emperador efectivo.

Feudalismo
Varias instituciones habían surgido para llenar el vacío. La Iglesia cristiana, contra todo pronóstico, había mantenido viva la luz de la religión y el saber y había difundido lo que quedaba de la civilización romana en Irlanda, Inglaterra, Europa central y Escandinavia. También proporcionó una reserva de alfabetización para el día en que el gobierno profesional volviera a ser posible. Los reyes de los bárbaros, de los cuales Carlomagno fue el más grande, habían proporcionado liderazgo militar y tratado de adquirir algo del prestigio y la maquinaria gubernamental de los emperadores romanos. Pero los tiempos difíciles, en los que el comercio y la vida urbana eran mínimos, hicieron que el poder efectivo recayera en quienes controlaban la tierra y sus productos: una aristocracia militar de grandes estados y feudos (feodum en latín, de ahí "sistema feudal"). Los aristócratas se autodenominaban nobles a la manera romana y se apropiaban de varios títulos imperiales tardíos, como comes (conde) y dux (duque). Pero esos títulos eran mera decoración. Los nuevos reyes, al carecer de la maquinaria fiscal imperial, no podían pagar ejércitos permanentes. Además, era la época en la que el caballero fuertemente blindado dominaba la guerra. Era una fuerza autónoma y, por tanto, un instrumento mucho menos fiable que el legionario romano. Desde el punto de vista legal, los nuevos amos de la tierra eran los servidores de los distintos reyes y príncipes (la máxima era que todo hombre tenía un señor), pero en la práctica podían ignorar las reclamaciones reales si así lo deseaban. Europa cayó así bajo el dominio de los caballeros acorazados, y el curso de los siguientes cientos de años da motivos para pensar que los demócratas de Grecia tenían razón al desconfiar de la idea misma de oligarquía, pues la nota clave del gobierno nobiliario parecía ser la guerra casi incesante.

El surgimiento del derecho y del Estado-nación
Sin embargo, incluso en su apogeo, los aristócratas militares nunca se salieron con la suya. Las monarquías fuertes se desarrollaron gradualmente en Inglaterra, Francia y, un poco más tarde, en la Península Ibérica. Durante el periodo más vigoroso del papado (c. 1050-1300), la Iglesia Católica Romana pudo modificar, si no controlar, el comportamiento de los barones. El comercio se reactivó gradualmente y trajo consigo una revitalización no sólo de la ciudad, sino también de la ciudad-estado en Italia, Renania y los Países Bajos, ya que los nuevos y prósperos burgueses podían ahora permitirse el lujo de construir fuertes murallas alrededor de sus ciudades, y a la nobleza le resultaba difícil reunir fuerzas suficientes para asediarlas con éxito. Incluso los campesinos se manifestaban de vez en cuando en sangrientas revueltas, y la propia nobleza distaba mucho de ser una clase homogénea o unida.

La Europa medieval, de hecho, era un caleidoscopio constantemente cambiante de acuerdos políticos; en la medida en que alguna vez se asentó, lo hizo sobre el principio de que, dado que las pretensiones de poder y propiedad de todos eran frágiles e inconsistentes con las de los demás, era necesario un cierto grado de tolerancia mutua. Esto explica la gran importancia concedida a la costumbre, o (como se llamaba en Inglaterra) al derecho común. Las disputas todavía se resolvían a menudo por la fuerza, especialmente cuando los reyes eran los contendientes, pero el europeo medieval llegó a ser casi tan aficionado a la ley como a la batalla. Todos los grandes estados se vieron envueltos en pleitos casi permanentes sobre la propiedad de la tierra y los derechos y privilegios que la acompañaban, y la centralización de la iglesia en la corte papal de Roma aseguró aún más trabajo para los abogados, los más grandes de los cuales comenzaron a fusionarse con la nobleza militar en una aristocracia de nuevo tipo. Los derechos, títulos y privilegios se concedían, revocaban y reafirmaban constantemente. Las escrituras en pergamino (de las cuales la Carta Magna, exigida al rey Juan de Inglaterra por sus súbditos en 1215, fue quizá la más famosa) llegaron a regular las relaciones políticas, sociales y económicas al menos tanto como la espada. De este modo renació la idea del Estado de Derecho. A principios de la Edad Moderna, los privilegios legalmente demostrables se habían convertido en el cemento universal de la sociedad europea. De este modo, los débiles pudieron sobrevivir junto a los fuertes, ya que todos en Europa sabían a qué orden de la sociedad pertenecían.

Sin embargo, había un dinamismo en la sociedad europea que impedía que se fijara permanentemente en algún patrón. La Europa en evolución de los órdenes privilegiados era también la Europa de las monarquías en ascenso. Con muchos contratiempos, los reyes se hicieron con el poder; en 1500 la mayoría de ellos presidían burocracias (inicialmente dotadas de clérigos) que habrían impresionado a cualquier emperador romano. Pero el imperio universal seguía siendo imposible. Las bases de las nuevas monarquías eran puramente territoriales. Los reyes de Inglaterra, Francia y España tenían bastante con imponer su autoridad dentro de las tierras que habían heredado o arrebatado y con machacar sus reinos hasta conseguir algún tipo de uniformidad. Ese impulso explica las guerras de los ingleses contra los galeses, escoceses e irlandeses; el impulso de los reyes franceses hacia los Alpes, los Pirineos y el Rin; y el rigor de los reyes españoles a la hora de imponer el catolicismo a sus súbditos judíos y moros. La uniformidad preparó el camino para la forma de gobierno más característica del mundo moderno, el Estado-nación.

Esta entidad, al igual que la ciudad-estado a la que sustituyó, tenía y tiene una doble vertiente. Una nación o un pueblo puede existir sin adoptar la forma de un Estado: la geografía física, el interés económico, la lengua, la religión y la historia, todos juntos o en uno y dos, pueden crear una identidad generalmente aceptada y reconocida sin una organización política. Los kurdos son un ejemplo de este tipo de nación. Pero tal identidad puede, en las circunstancias adecuadas, proporcionar una base sólida para el gobierno, y la búsqueda de las monarquías territoriales de engrandecimiento externo y uniformidad administrativa pronto comenzó, medio deliberadamente, a explotar esa posibilidad.

La Inglaterra Medieval
Incluye lo siguiente:

  • De Britannia a Gran Bretaña
  • La Bretaña romana y los orígenes del Rey Arturo
  • Los primeros reinos anglosajones
  • La conversión de los anglosajones
  • Trabajo y fe en la Inglaterra anglosajona
  • Las invasiones vikingas
  • Alfredo el Grande
  • El gobierno de la Inglaterra anglosajona
  • La edad de oro de los anglosajones
  • La segunda conquista vikinga
  • La conquista normanda
  • El reinado de Guillermo el Conquistador
  • Conflicto y asimilación
  • Enrique I - El León de la Justicia
  • La anarquía del reinado de Esteban
  • Enrique II-Derecho y Orden
  • Enrique II-La expansión del Imperio
  • El amor cortés
  • Ricardo Corazón de León y la Tercera Cruzada
  • El rey Juan y la Carta Magna
  • La vida cotidiana en el siglo XIII
  • El desastroso reinado de Enrique III
  • Las conquistas de Eduardo I
  • Eduardo II - Derrota y deposición
  • Eduardo III y la Guerra de los Cien Años
  • El florecimiento de la caballería
  • La peste negra
  • La revuelta de los campesinos de 1381
  • Chaucer y el auge del inglés
  • La deposición de Ricardo II
  • La vida cotidiana en el siglo XV
  • Enrique V y la victoria en Agincourt
  • Enrique VI-Derrota y división
  • Las Guerras de las (2) Rosas
  • Ricardo III - Traición y derrota: Ricardo III gobernó como rey de Inglaterra durante poco más de dos años, pero su vida abarcó tres décadas de guerra civil, el período de agitación y traición que llamamos las Guerras de las Rosas.
  • Inglaterra en 1485

El Trabajo Agrícola e Industrial en la Edad Media
La organización del trabajo y la división del mismo, que podría decirse que alcanzaron su punto álgido durante el Imperio Romano, decayeron a medida que éste se desintegraba. La fragmentación social y política y la decadencia económica de finales del imperio redujeron la mayor parte de Europa occidental a unidades económicas autosuficientes de pequeña escala. A medida que esto ocurría, el mercado de la producción especializada desapareció hasta que el comercio y la vida urbana revivieron en forma de la nueva sociedad feudal. El crecimiento del comercio interregional estimuló la demanda de artesanía especializada que sirviera a los mercados crecientes.

Importantes innovaciones tecnológicas en la agricultura, la energía, el transporte, la metalurgia y las máquinas crearon nuevas formas de especialización. La aparición de la nueva clase burguesa, con un rápido crecimiento de la riqueza y la amplitud de las empresas, proporcionó la base para una gestión más racional de la producción. Estas fuerzas sociales aceleraron el auge de la industrialización.

Estructura de clases
Las divisiones sociales, o estructura de clases, en el mundo medieval reflejaban una división del trabajo. La clase noble contribuía esencialmente a la organización del trabajo. Como controlaban la tierra, básica para la producción en esta sociedad agraria, los nobles eran los únicos que poseían la riqueza necesaria para adquirir los productos de los artesanos, comprar mercancías traídas de lejos, adquirir las armas y armaduras fabricadas por los metalúrgicos y construir castillos y fortalezas. Los señores también decidían, de acuerdo con la costumbre imperante, cómo debía organizarse el trabajo agrícola.

El clero era a la vez consumidor y productor y su principal responsabilidad era la atención espiritual de sus feligreses. Los monasterios eran unidades agrarias autosuficientes que a menudo producían un excedente para el comercio; de hecho, los monjes experimentaban en la mejora de las técnicas agrícolas y en la producción de quesos y vinos especiales que se vendían fuera del monasterio. Por último, las grandes iglesias requerían especialistas en vidrieras, fundición de campanas, cantería, talla de madera y otros oficios.

El grueso de la población estaba formado por agricultores de diversa condición jurídica y social. La mayoría eran siervos ligados a las parcelas que sus antepasados habían cultivado y prestaban servicios o bienes al señor del señorío, que les brindaba protección a cambio. Unos pocos habitantes del señorío eran arrendatarios o aparceros, que alquilaban la tierra a cambio del pago de una parte de los productos. Menos aún eran los jornaleros libres que trabajaban a cambio de un salario. La esclavitud prácticamente ha desaparecido. Como el señorío era prácticamente autosuficiente, los campesinos de cualquier condición realizaban diversas tareas relacionadas con su ocupación agrícola.

La producción agrícola
Cuatro factores interrelacionados determinaron la organización del trabajo de la agricultura medieval: la autosuficiencia económica del señorío, el desarrollo de la agricultura mixta basada en el cultivo y la ganadería, mejoras tecnológicas como el arado de ruedas pesadas y el collar de caballos rígidos, y el sistema de tenencia de la tierra y la división de las explotaciones. Cada hogar campesino producía casi todo lo que necesitaba. Las excepciones incluían el uso de un molino o lagar feudal por el que los campesinos no pagaban en dinero, sino con un porcentaje de la cosecha procesada.

Mientras que la ganadería y la producción de cultivos habían sido empresas separadas en la antigüedad, ambas se combinaron durante la Edad Media en el noroeste de Europa. El ganado se criaba para ser utilizado como animal de tiro y para alimentarse, y como el rendimiento de los campos de cereales no superaba en mucho las necesidades humanas, el ganado se pastoreaba en las tierras pobres o en los campos cosechados. Así, se reservaba cierta cantidad de tierra para el pastoreo, y algún aldeano, normalmente un miembro de la comunidad de mayor edad, se convertía en pastor.

La organización comunal se veía favorecida por los acuerdos de tenencia de la tierra y por la forma en que se dividía la tierra cultivable entre los aldeanos. Para asegurar un reparto equitativo, la tierra se dividía en grandes campos. Cada campesino poseía franjas en cada campo, lo que significaba que las labores de arado, siembra y cosecha debían realizarse en común y al mismo tiempo.

El arado de ruedas, introducido gradualmente a lo largo de varios siglos, reforzó aún más la organización del trabajo comunal. Los arados anteriores se limitaban a arañar la superficie del suelo. El nuevo arado estaba equipado con una cuchilla pesada para cavar bajo la superficie, lo que hizo posible los campos en franjas. Sin embargo, como el nuevo arado requería una yunta de ocho bueyes -más de los que poseía un solo campesino-, el trabajo de arado (y, de hecho, todo el trabajo pesado de la finca) se realizaba en común. Este sistema dejaba poco margen para la iniciativa individual; todos seguían las rutinas establecidas, y el ritmo de trabajo lo marcaba la yunta de bueyes.

Los gremios artesanales
A diferencia de los siervos de la tierra, los ciudadanos de la Edad Media eran libres. Algunos se dedicaban al comercio y formaban grupos conocidos como gremios de mercaderes. La mayoría, sin embargo, eran pequeños comerciantes-artesanos, organizados en gremios artesanales en forma de maestros (de mayor nivel y categoría), oficiales (de nivel medio) y aprendices (principiantes). El maestro medieval solía ser muchas cosas a la vez: un trabajador cualificado; un capataz que supervisaba a los oficiales y aprendices; un empleador; un comprador de materias primas o semielaboradas; y un vendedor de productos acabados. Como los artesanos medievales empleaban herramientas manuales sencillas, la propia habilidad del trabajador determinaba la cantidad y la calidad de su producción. Los aprendices y oficiales pasaban por largos períodos de aprendizaje bajo la dirección de un obrero más experimentado. Cuando lograba producir una "obra maestra" que cumplía con la aprobación de los maestros del gremio, el artesano obtenía la admisión plena en el gremio.

Los gremios artesanales se organizaban mediante reglamentos. Al controlar las condiciones de ingreso en un oficio, los gremios limitaban la oferta de mano de obra. Al definir los salarios, los horarios, las herramientas y las técnicas, regulaban tanto las condiciones de trabajo como el proceso de producción. También fijaban las normas de calidad y los precios. De carácter monopólico, los gremios, solos o combinados, buscaban el control total de sus propios mercados locales. Para conseguir y proteger su monopolio, los gremios adquirieron una voz política y en algunas localidades lograron el derecho a elegir a varios de sus miembros en el consejo municipal. En algunas ciudades, como Lieja, Utrecht y Colonia, los gremios alcanzaron el control político total. Los 32 gremios artesanales de Lieja, por ejemplo, dominaban la ciudad desde 1384 hasta el punto de que nombraban al consejo municipal y a los gobernantes y exigían que todas las decisiones cívicas importantes fueran aprobadas por la mayoría de sus miembros.

Los gremios artesanales alcanzaron su máxima prosperidad en el siglo XIV. Las especialidades se habían diferenciado tanto que las ciudades más grandes solían tener más de 100 gremios. En el norte de Europa, por ejemplo, al principio del periodo, los carpinteros construían casas y fabricaban muebles. Con el tiempo, la fabricación de muebles se convirtió en un nuevo oficio, el de la ebanistería, y los ebanistas se separaron de los carpinteros para establecer sus propios gremios. Los talladores y torneros (especializados en muebles torneados) también fundaron gremios. Los que pintaban y doraban los muebles y las tallas de madera también estaban representados por un gremio aparte.

Esta época de intensa especialización estuvo marcada por un movimiento contrario de amalgama de diferentes oficios, una tendencia que reflejaba el crecimiento del mercado y el deseo de los maestros emprendedores de ampliar sus capacidades comerciales. Esto se produjo a expensas de la función artesanal. Al proliferar la diferenciación artesanal, numerosos oficios acabaron produciendo artículos iguales o similares. Esto estimuló las fuerzas competitivas entre los artesanos, que necesitaban asegurarse materias primas y un mercado. Por ello, los maestros se vieron tentados a emplear a miembros de otros oficios, y los conflictos surgieron inevitablemente.

La misma ampliación del mercado condujo a la diferenciación de clases dentro de un oficio. A medida que la función comercial se hacía más importante, los que seguían siendo artesanos caían en una condición de dependencia de los comerciantes. Con el tiempo, los gremios de mercaderes -que originalmente sólo representaban a los comerciantes- absorbieron a los gremios artesanales.

Los gremios artesanales también sufrieron una ruptura en su estructura. Como los maestros querían quedarse con los beneficios del creciente mercado, dificultaban cada vez más el acceso de los oficiales a su clase, prefiriendo emplearlos como asalariados. Los aprendices tampoco tenían muchas esperanzas de ascender a la maestría. Así, la relación maestro-obrero-aprendiz dio paso a un acuerdo de empleador-empleado, en el que el maestro realizaba las funciones de comerciante mientras sus empleados hacían trabajos artesanales. Las condiciones para el desarrollo del sistema industrial primitivo surgieron de la desintegración de este sistema artesanal- gremial. Los oficiales excluidos acabaron convirtiéndose en una clase de trabajadores libres que practicaban su oficio a cambio de un salario fuera de las murallas de la ciudad, y fuera de las limitaciones de los reglamentos de los gremios.

La industria medieval: El sistema de despojo
Ciertas industrias, que eran pequeñas al principio de la Edad Media, llegaron a ser bastante grandes, y este crecimiento influyó en los cambios en la organización del trabajo. La más importante fue la industria de la lana.

Por razones de coste y disponibilidad, la lana fue el material básico de confección en Europa occidental hasta el comienzo de la época moderna. El lino y la seda eran demasiado costosos para su uso a gran escala, y el algodón sólo se cultivaba en pequeñas cantidades. La producción de telas a partir de la lana implicaba varias etapas que requerían mucho tiempo: la limpieza y el cardado (enderezar las fibras rizadas y anudadas esquiladas de las ovejas), el hilado de las fibras en forma de hilo, el tejido del hilo en forma de tela, el esquilado de los nudos y las asperezas, y el teñido. Todos estos procesos podían llevarse a cabo en un solo hogar campesino, ya que sólo requerían aparatos sencillos y habilidades rudimentarias. Normalmente, los niños cardaban la lana, las mujeres manejaban la rueca y los hombres trabajaban en las lanzaderas de los telares.

Las telas producidas con estas herramientas tan rudimentarias y con trabajadores relativamente poco cualificados eran toscas pero útiles. Sin embargo, los que estaban por encima de la clase campesina deseaban la ropa más cómoda y atractiva que producían los artesanos cualificados. La demanda resultante de mejores textiles hizo que la industria superara los medios de producción domésticos de los campesinos. Se instituyó una nueva organización del trabajo, llamada sistema de extracción, en la que un comerciante de paños compraba la lana cruda, la "sacaba" para cardarla, hilarla y tejerla, y luego la llevaba a los procesos de acabado con la ayuda de artesanos especializados. Como los hilanderos y tejedores seguían siendo campesinos, también se ganaban la vida con las parcelas en las que se encontraban sus casas, lo que significa que la agricultura y la industria se llevaban a cabo como una empresa integrada. El hombre podía trabajar en el campo mientras su mujer hilaba, y en invierno el hombre ayudaba en la producción textil. En la época de la cosecha, todas las manos estaban en el campo, dejando las ruecas y los telares temporalmente inactivos.

El sistema de producción doméstica se diferenciaba de la producción campesina en que el comerciante de telas, o empresario, compraba la lana en bruto y era el propietario del producto en todas las fases de su elaboración (los artesanos seguían siendo propietarios de sus propias ruecas, telares y otras herramientas). Así, el campesino llegó a trabajar con materiales que no le pertenecían. Por otra parte, el trabajo se realizaba en el hogar (conocido como sistema cottage o sistema doméstico) y no en una fábrica, y el trabajo avanzaba al ritmo del trabajador. El comerciante se limitaba a organizar el trabajo estableciendo el orden y la secuencia de los distintos procesos técnicos, y no supervisaba el rendimiento real de los trabajadores. Sin embargo, el comerciante pañero que empezaba a fabricar telas llegó a controlar todo el proceso de producción. Esto representó un paso hacia el capitalismo industrial que surgió en el siglo XIX.

Avances tecnológicos
El crecimiento de la escala del comercio durante la Edad Media fue acompañado de avances en la tecnología. Ambos fenómenos contribuyeron a transformar la naturaleza del trabajo. Las aplicaciones de la energía eólica y la hidráulica tuvieron una importancia capital y marcaron el inicio de la sustitución del trabajo humano por la fuerza de las máquinas. A partir de finales del siglo X, las ruedas hidráulicas, utilizadas durante mucho tiempo para moler el grano, se aplicaron a muchos procesos industriales, como el curtido, el prensado de aceitunas, el aserrado de madera, el pulido de armaduras, la pulverización de piedra y el funcionamiento de fuelles de altos hornos. El primer molino de viento de eje horizontal apareció en Europa occidental en 1185, y en poco tiempo se podían encontrar molinos desde el norte de Inglaterra hasta Oriente Medio.

La mecanización del proceso de batanado (es decir, encogimiento y engrosamiento) de la tela ilustra la forma en que la tecnología cambió la naturaleza del trabajo. Hasta el siglo XIII, el batán se realizaba pisoteando la tela o golpeándola con un bate de batán. El batán inventado durante la Edad Media supuso una doble innovación: en primer lugar, dos martillos de madera sustituían a los pies humanos y, en segundo lugar, los martillos se elevaban y bajaban gracias a la fuerza de un molino de agua. Sólo se necesitaba un hombre para mantener el paño en movimiento en la artesa, que se llenaba de agua y tierra de batán. La mecanización del batán también hizo que la industria del paño se trasladara a lo largo de los arroyos, a menudo lejos de los centros textiles urbanos establecidos.

Quizás el mejor ejemplo de especialización del trabajo en la Edad Media se encuentre en la industria minera de metales a gran escala en Europa central. Además del Bergmeister ("maestro minero"), el principal administrador de la mina, había una jerarquía de personal administrativo y técnico y una serie de artesanos y mecánicos especializados en diferentes fases de la operación minera: mineros, palas, operadores de molinetes, transportistas, clasificadores, lavadores y fundidores. Las minas funcionaban cinco días a la semana durante las 24 horas, con la jornada laboral dividida en tres turnos de siete horas y las tres horas restantes utilizadas para cambiar de turno. Siempre que era posible se utilizaba la fuerza de los animales, con equipos de ocho caballos enganchados por parejas para hacer girar los molinetes y elevar los cubos de mineral o drenar el agua de la mina. Todos los tipos de bombas (para el drenaje de las minas, y bombas de succión) eran manejadas por mecánicos especializados.

Los fuelles para la ventilación de la mina se accionaban con fuerza humana y animal o con fuerza hidráulica. Otros procesos mineros estaban menos mecanizados y se llevaban a cabo de forma muy similar a la de la antigüedad. Los minerales sacados a la superficie se llevaban a una mesa de selección en la que las mujeres, los niños y los ancianos separaban las piezas a mano, colocando los minerales buenos en tinas de madera que se llevaban a los hornos para su fundición.

Construcción de monumentos
La mecanización que fue cambiando la organización del trabajo a lo largo del periodo medieval se hizo poco evidente en la construcción de castillos, catedrales y murallas. Las tecnologías que implicaban el levantamiento de pesos, por ejemplo, habían progresado poco durante la Edad Media y, como los masones se negaban a manejar grandes bloques de piedra, las estructuras románicas y góticas se construyeron con bloques de piedra más pequeños, logrando sin embargo grandeza en la escala. La organización de la mano de obra difiere mucho de la empleada en la antigüedad. Estos grandes monumentos fueron construidos por trabajadores libres como carpinteros, vidrieros, techadores, fundidores de campanas y muchos otros artesanos, además de los canteros.

Se puede aprender mucho sobre la naturaleza de la construcción medieval estudiando los registros de estos proyectos, así como los monumentos que se construyeron. Durante mucho tiempo se creyó que los artesanos medievales, especialmente los que se dedicaban a la construcción de catedrales, eran artesanos humildes y desinteresados que trabajaban piadosa y anónimamente para la gloria de Dios y para su propia salvación. Los estudiosos han desmontado este mito. Los constructores medievales solían dejar sus nombres o firmas en sus obras, y los registros que se conservan muestran nombres, salarios y, en ocasiones, protestas por los sueldos. Había un alto grado de individualismo. Los artesanos no eran en absoluto anónimos: los historiadores han descubierto más de 25.000 nombres de quienes trabajaron en las iglesias medievales. Se ha llegado a la conclusión de que los artesanos medievales eran relativamente libres y sin trabas en comparación con sus homólogos de la antigüedad.

El maestro de obras dirigía a los artesanos del gremio y hacía las veces de arquitecto, funcionario administrativo, contratista y supervisor técnico. Diseñaba los moldes, o patrones, utilizados para cortar las piedras para los intrincados diseños de puertas, ventanas, arcos y bóvedas. También diseñaba el edificio en sí, generalmente copiando sus elementos de estructuras anteriores en las que había trabajado, ya sea como maestro o durante su aprendizaje. Dibujaba sus planos en pergamino. Como administrador, llevaba la contabilidad, contrataba y despedía a los trabajadores y se encargaba de la adquisición de materiales. Como supervisor técnico, estaba constantemente presente para tomar decisiones y planes puntuales. En los proyectos de mayor envergadura, contaba con la ayuda de subalternos.

se distinguió el derecho civil del derecho canónico, contenido en la primera compilación de Justiniano. Debe advertirse que en el medievo, y como consecuencia de la desintegración del imperio romano en principados, condados y señoríos y más tarde al aparecer el régimen feudal, el derecho civil recibió la influencia de los derechos germánicos y quedó integrado únicamente por normas de derecho privado, pues las disposiciones de derecho público que rigieron durante el imperio ya no hallaron campo de aplicación de una sociedad que había perdido la unidad política en la cual las relaciones entre el señor y sus vasallos, fundadas en la propiedad de la tierra, se regían por los principios de derecho privado recogidos en compilación de Justiniano, ampliados por los comentaristas medievales. Esta identificación entre el derecho civil y el derecho privado, aparece bien clara en la obra de Domat en el siglo XVIDicho autor escribió su obra Les lois civiles dans leur ordre naturel y, separadamente dio a la estampa otro trabajo titulado Le droit public En Francia, durante la Revolución los autores señalan una época de transición entre el derecho feudal y el derecho moderno, periodo que se denomina intermedio y se sitúa entre la Asamblea Nacional (17 de junio de 1789) y el 21 de marzo de 1804 en que se promulgó el Código Civil de los franceses (Código Napoleón), que abrogó todo el derecho antiguo contenido en las costumbres, en el derecho romano y en el derecho germánico.

Desarrollo

Como se sabe el Código Civil francés de 1804 es el antecedente de todo el movimiento codificador de los países europeos y americanos de cultura latina y de tradición jurídica continental europea.

Más Detalles

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La evolución del derecho civil no ha cesado, de la misma manera que sigue avanzando la cultura y la técnica de la humanidad; pero hoy en día el jurista ha de trabajar, como lo apunta certeramente René Savatier, con datos que se transforman a una velocidad jamás vista antes, y el derecho civil se enfrenta a ese problema, ante el cual al derecho privado compete la misión, de preservar los principios milenarios del derecho y la justicia. Debe reconocerse, por otra parte, que se está operando en el seno de las instituciones civiles una transformación que atañe a las ideas de libertad, de igualdad, en las relaciones humanas y de reparación del daño causado a otro. Estas mutaciones que constituyen una exigencia económica y social, se expresan en el derecho a través de la necesidad de revisar los conceptos de autonomía de la voluntad, equilibrio de las prestaciones contractuales y de la responsabilidad por el uso de cosas peligrosas.Entre las Líneas En lo que se refiere al derecho de familia, las transformaciones son aún más ingentes si cabe, tanto en las relaciones conyugales como paternofiliales y en los conceptos de patria potestad y de protección del menor. El profesor francés antes citado enseña que las relaciones familiares, consideradas hasta hoy como un complejo de derechos y obligaciones recíprocas, se transforman gracias a un elemento muy importante, a saber: la solidaridad que sustentada en la recíproca ayuda que deben prestarse sus componentes, constituye el fundamento y razón de las relaciones familiares que se explican no solo como relaciones jurídicas sino esencialmente como relaciones afectivas, de las cuales aquellas son solo una expresión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Recursos

Véase También

Bibliografía

Batiza, Rodolfo, Las fuentes del Código Civil de 1928, introducción, notas y textos de sus fuentes originales no reveladas, México, Porrúa, 1979; Galindo Garfias, Ignacio, Derecho civil; parte general, personas y familias; 5a. edición, México, 1982; García Téllez, Ignacio, Motivos, colaboración y concordancias del nuevo código civil mexicano, México, 1932; Mozos, José Luis de los, Derecho civil español, tomo I., Parte general, volumen I, Introducción al derecho civil, Salamanca, 1977; Ortiz Urquidi, Raúl, Derecho civil (parte general); introducción, teoría del derecho (ubicación del civil), teoría y técnica de aplicación de la norma (generalmente por los organismos y autoridades públicas, incluido las fuerzas y cuerpos de seguridad y orden público), teoría general del negocio jurídico, México, Porrúa, 1977; Piña, Rafael de, Elementos de derecho civil mexicano, tomo I, Introducción, personas y familia; 10a. edición, México, Porrúa, 1980; Rojina Villegas, Rafael, Derecho civil mexicano, tomo I. Introducción y personas; 3a. edición, México, Porrúa, 1980; Savatier, René, Les metamorphosis économiques et sociales du droit civil d’ajourd’hui; 2a. edición, París, 1952-1959, 3 volúmenes

Recursos

Véase También

  • Contrato de Seguro
  • Elementos del Contrato de Seguro
  • Derechos del Asegurador
  • Póliza de Seguro
  • Ley de Contrato de Seguro

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A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto y Caracteres de Derecho Civil

Definición y descripción de Derecho Civil ofrecido por el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la Suprema Corte de Justicia de México: (escrito por Ignacio Galindo Garfias) La noción general del derecho civil, sus raíces históricas y su función. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es conveniente hacer una referencia así sea breve, a su desarrollo con el fin de tratar de percibir en lo posible su sentido humanista, constante en su secuencia milenaria y su posición actual en el ordenamiento.Entre las Líneas En el derecho romano, la expresión jus civile no fue unívoca: por una parte se entendía por derecho civil todo el sistema jurídico romano, sistema no comprendido en el derecho de gentes; en los primeros tiempos de la República se decía derecho civil para referirse al derecho quiritario y con no poca frecuencia se aludía a la interpretación de los prudentes identificando así esa labor jurisprudencial con el derecho civil. También se oponía el concepto al jus honorarium proveniente del edicto del pretor. No obstante estas varias acepciones, en el derecho romano el jus civile llegó finalmente a comprender por entero el orden jurídico así público como privado y terminó por abrazar en su denotación normas emanadas del derecho natural, y por fin, del derecho de gentes, a través de las interpretaciones de prudentes y del just honorarium. A la caída del imperio romano y en la Edad Media.

Historia Medieval
La Edad Media es el periodo de la historia europea que comenzó con el colapso de la civilización romana en el siglo V de nuestra era y duró hasta los albores del Renacimiento en los siglos XIII, XIV o XV. En este intervalo de tiempo se desarrolló el estilo artístico y arquitectónico gótico, con arbotantes y todo. También fue la época de las Cruzadas y de la monarquía papal, y fue durante este periodo cuando surgió la idea de Europa como una unidad cultural distinta.

El periodo medieval fue una época turbulenta de guerras, hambrunas y rápido crecimiento de la población. A pesar de acontecimientos catastróficos como la peste negra, el periodo medieval también fue testigo del crecimiento económico y los avances tecnológicos. Esta plataforma intenta ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo era la vida en el periodo medieval. Analiza cómo los cambios radicales alteraron la vida de los civiles comunes y se exploran los principales acontecimientos, batallas y descubrimientos de la época.

Los mitos y las leyendas cristianas
Estos se adaptaron a las nuevas tradiciones a medida que la fe se expandía más allá de su entorno cultural original del Mediterráneo hacia el norte de Europa. Durante el proceso de expansión surgieron nuevos santos y mártires, y sus milagros y otros actos piadosos se registraron en obras hagiográficas. Al igual que antes, los santos y sus reliquias eran conocidos por sus curaciones milagrosas, pero también realizaban milagros asociados a las nuevas condiciones sociales, como la liberación de los peticionarios de la cárcel. Además, apareció un nuevo género hagiográfico que describía la práctica de la furta sacra ("robo sagrado"). Estos relatos, el más famoso de los cuales es el de San Nicolás, detallan la práctica de robar las reliquias de los santos, es decir, quitar las reliquias de un santuario y colocarlas en otro. Los relatos describen los milagros ocurridos en el proceso, incluida la falta de voluntad del santo para moverse y la incapacidad del santo ladrón para trasladar las reliquias.

Los eruditos y teólogos medievales recopilaron no sólo nuevas vidas de los santos, sino también nuevas vidas del enemigo final de los santos, el Anticristo. Basándose en las Escrituras y en las antiguas tradiciones, la leyenda del Anticristo tomó forma en la antigüedad tardía y en la primera Edad Media. En el siglo X, Adso de Montier-en-Der recogió estas tradiciones en su popular e influyente Epistola ad Gerbergam reginam de ortu et tempore Antichristi ("Carta a la reina Gerberga sobre el lugar y el tiempo del Anticristo"), un espejo en el negativo de las vidas de Jesús y los santos. El tratado de Adso se convirtió en el relato estándar de la vida del Anticristo.

Una leyenda relacionada es la del "Último Emperador". El mito comenzó a formarse ya en el siglo IV, y en el siglo VII la leyenda se plasmó aún más en la obra siríaca del Pseudo-Metodio, que escribió en respuesta a la expansión del Islam en territorios cristianos. Traducido al griego y al latín, el Pseudo-Metodio sirvió de base para que los escritores del Occidente latino siguieran reelaborando la leyenda en los siglos X y XI. La leyenda describe los actos del último emperador del mundo, que se levantará con gran ira para luchar contra los enemigos de la fe. Establecerá la paz antes de luchar y derrotar a los ejércitos de Gog y Magog. Luego se dirigirá a Jerusalén, donde ofrecerá su corona a Cristo, que la llevará junto con el espíritu del emperador al cielo. Tras el ascenso del espíritu del emperador al cielo, el Anticristo aparecerá en Jerusalén y se librará la batalla final entre el bien y el mal.

Gobiernos en la Edad Media
Visto desde el punto de vista de los milenios, la caída del Imperio Romano fue un acontecimiento tan común que resulta casi sorprendente que se haya derramado tanta tinta en el intento de explicarlo. Los visigodos no eran más que uno de los pueblos que habían sido desalojados de la estepa de la forma habitual. Ellos y otros, incapaces de romper las defensas de la Persia sāsānica o del Imperio romano en Oriente (aunque estuvo a punto), sondearon más al oeste y al final encontraron el punto de debilidad que buscaban en los Alpes y el Rin.

Lo que realmente hay que explicar es el hecho de que el Imperio de Occidente nunca fue restaurado. En otros lugares los tronos imperiales nunca estuvieron vacantes por mucho tiempo. Así, en China, después de cada época de problemas, una nueva dinastía recibía "el mandato del cielo", y un nuevo emperador, o "hijo del cielo", reconstruía el orden. Por ejemplo, en el año 304 de la era cristiana, los nómadas hunos invadieron China y siguió un largo período de desorden, pero a principios del siglo VII la dinastía Tang tomó el mando y comenzó 300 años de gobierno. Patrones similares marcan la historia de India y Japón.

Los europeos no lograron emular esa historia. Justiniano I, el más grande de los emperadores romanos orientales (bizantinos), reconquistó grandes partes de Occidente en el siglo VI, aunque la destrucción causada por sus soldados empeoró las cosas en lugar de mejorarlas. En el año 800, Carlomagno, rey de los francos, fue coronado por el Papa como emperador de los romanos. En siglos posteriores, las dinastías de los Hohenstaufen y los Habsburgo intentaron restaurar el imperio, y hasta el siglo XIX lo hizo Napoleón I. Ninguno de esos intentos tuvo éxito. Probablemente, la oportunidad sólo fue real en el primer periodo, antes de que Europa occidental se acostumbrara a prescindir de un señor. Pero en esa época nunca hubo suficiente espacio para que la sociedad recuperara su estabilidad y fuerza. La mayoría de los reinos bárbaros, estados sucesores de Roma, sucumbieron ante asaltantes posteriores. Gran Bretaña se separó del imperio en el siglo V; los pequeños reinos de los anglos y sajones acababan de reunirse en un solo reino, Inglaterra, cuando comenzaron las invasiones vikingas. En el siglo VII los árabes conquistaron el norte de África; en el VIII tomaron España e invadieron la Galia. Lombardos, ávaros, eslavos, búlgaros y magiares invadieron Europa desde el este. Hasta la victoria del rey alemán Otón I sobre los magiares en Lechfeld, en el año 955, no cesaron esas incursiones, y hasta finales del siglo XI la cristiandad latina no estuvo más o menos segura dentro de sus fronteras, y para entonces llevaba más de 600 años sin un emperador efectivo.

Feudalismo
Varias instituciones habían surgido para llenar el vacío. La Iglesia cristiana, contra todo pronóstico, había mantenido viva la luz de la religión y el saber y había difundido lo que quedaba de la civilización romana en Irlanda, Inglaterra, Europa central y Escandinavia. También proporcionó una reserva de alfabetización para el día en que el gobierno profesional volviera a ser posible. Los reyes de los bárbaros, de los cuales Carlomagno fue el más grande, habían proporcionado liderazgo militar y tratado de adquirir algo del prestigio y la maquinaria gubernamental de los emperadores romanos. Pero los tiempos difíciles, en los que el comercio y la vida urbana eran mínimos, hicieron que el poder efectivo recayera en quienes controlaban la tierra y sus productos: una aristocracia militar de grandes estados y feudos (feodum en latín, de ahí "sistema feudal"). Los aristócratas se autodenominaban nobles a la manera romana y se apropiaban de varios títulos imperiales tardíos, como comes (conde) y dux (duque). Pero esos títulos eran mera decoración. Los nuevos reyes, al carecer de la maquinaria fiscal imperial, no podían pagar ejércitos permanentes. Además, era la época en la que el caballero fuertemente blindado dominaba la guerra. Era una fuerza autónoma y, por tanto, un instrumento mucho menos fiable que el legionario romano. Desde el punto de vista legal, los nuevos amos de la tierra eran los servidores de los distintos reyes y príncipes (la máxima era que todo hombre tenía un señor), pero en la práctica podían ignorar las reclamaciones reales si así lo deseaban. Europa cayó así bajo el dominio de los caballeros acorazados, y el curso de los siguientes cientos de años da motivos para pensar que los demócratas de Grecia tenían razón al desconfiar de la idea misma de oligarquía, pues la nota clave del gobierno nobiliario parecía ser la guerra casi incesante.

El surgimiento del derecho y del Estado-nación
Sin embargo, incluso en su apogeo, los aristócratas militares nunca se salieron con la suya. Las monarquías fuertes se desarrollaron gradualmente en Inglaterra, Francia y, un poco más tarde, en la Península Ibérica. Durante el periodo más vigoroso del papado (c. 1050-1300), la Iglesia Católica Romana pudo modificar, si no controlar, el comportamiento de los barones. El comercio se reactivó gradualmente y trajo consigo una revitalización no sólo de la ciudad, sino también de la ciudad-estado en Italia, Renania y los Países Bajos, ya que los nuevos y prósperos burgueses podían ahora permitirse el lujo de construir fuertes murallas alrededor de sus ciudades, y a la nobleza le resultaba difícil reunir fuerzas suficientes para asediarlas con éxito. Incluso los campesinos se manifestaban de vez en cuando en sangrientas revueltas, y la propia nobleza distaba mucho de ser una clase homogénea o unida.

La Europa medieval, de hecho, era un caleidoscopio constantemente cambiante de acuerdos políticos; en la medida en que alguna vez se asentó, lo hizo sobre el principio de que, dado que las pretensiones de poder y propiedad de todos eran frágiles e inconsistentes con las de los demás, era necesario un cierto grado de tolerancia mutua. Esto explica la gran importancia concedida a la costumbre, o (como se llamaba en Inglaterra) al derecho común. Las disputas todavía se resolvían a menudo por la fuerza, especialmente cuando los reyes eran los contendientes, pero el europeo medieval llegó a ser casi tan aficionado a la ley como a la batalla. Todos los grandes estados se vieron envueltos en pleitos casi permanentes sobre la propiedad de la tierra y los derechos y privilegios que la acompañaban, y la centralización de la iglesia en la corte papal de Roma aseguró aún más trabajo para los abogados, los más grandes de los cuales comenzaron a fusionarse con la nobleza militar en una aristocracia de nuevo tipo. Los derechos, títulos y privilegios se concedían, revocaban y reafirmaban constantemente. Las escrituras en pergamino (de las cuales la Carta Magna, exigida al rey Juan de Inglaterra por sus súbditos en 1215, fue quizá la más famosa) llegaron a regular las relaciones políticas, sociales y económicas al menos tanto como la espada. De este modo renació la idea del Estado de Derecho. A principios de la Edad Moderna, los privilegios legalmente demostrables se habían convertido en el cemento universal de la sociedad europea. De este modo, los débiles pudieron sobrevivir junto a los fuertes, ya que todos en Europa sabían a qué orden de la sociedad pertenecían.

Sin embargo, había un dinamismo en la sociedad europea que impedía que se fijara permanentemente en algún patrón. La Europa en evolución de los órdenes privilegiados era también la Europa de las monarquías en ascenso. Con muchos contratiempos, los reyes se hicieron con el poder; en 1500 la mayoría de ellos presidían burocracias (inicialmente dotadas de clérigos) que habrían impresionado a cualquier emperador romano. Pero el imperio universal seguía siendo imposible. Las bases de las nuevas monarquías eran puramente territoriales. Los reyes de Inglaterra, Francia y España tenían bastante con imponer su autoridad dentro de las tierras que habían heredado o arrebatado y con machacar sus reinos hasta conseguir algún tipo de uniformidad. Ese impulso explica las guerras de los ingleses contra los galeses, escoceses e irlandeses; el impulso de los reyes franceses hacia los Alpes, los Pirineos y el Rin; y el rigor de los reyes españoles a la hora de imponer el catolicismo a sus súbditos judíos y moros. La uniformidad preparó el camino para la forma de gobierno más característica del mundo moderno, el Estado-nación.

Esta entidad, al igual que la ciudad-estado a la que sustituyó, tenía y tiene una doble vertiente. Una nación o un pueblo puede existir sin adoptar la forma de un Estado: la geografía física, el interés económico, la lengua, la religión y la historia, todos juntos o en uno y dos, pueden crear una identidad generalmente aceptada y reconocida sin una organización política. Los kurdos son un ejemplo de este tipo de nación. Pero tal identidad puede, en las circunstancias adecuadas, proporcionar una base sólida para el gobierno, y la búsqueda de las monarquías territoriales de engrandecimiento externo y uniformidad administrativa pronto comenzó, medio deliberadamente, a explotar esa posibilidad.

La Inglaterra Medieval
Incluye lo siguiente:

  • De Britannia a Gran Bretaña
  • La Bretaña romana y los orígenes del Rey Arturo
  • Los primeros reinos anglosajones
  • La conversión de los anglosajones
  • Trabajo y fe en la Inglaterra anglosajona
  • Las invasiones vikingas
  • Alfredo el Grande
  • El gobierno de la Inglaterra anglosajona
  • La edad de oro de los anglosajones
  • La segunda conquista vikinga
  • La conquista normanda
  • El reinado de Guillermo el Conquistador
  • Conflicto y asimilación
  • Enrique I - El León de la Justicia
  • La anarquía del reinado de Esteban
  • Enrique II-Derecho y Orden
  • Enrique II-La expansión del Imperio
  • El amor cortés
  • Ricardo Corazón de León y la Tercera Cruzada
  • El rey Juan y la Carta Magna
  • La vida cotidiana en el siglo XIII
  • El desastroso reinado de Enrique III
  • Las conquistas de Eduardo I
  • Eduardo II - Derrota y deposición
  • Eduardo III y la Guerra de los Cien Años
  • El florecimiento de la caballería
  • La peste negra
  • La revuelta de los campesinos de 1381
  • Chaucer y el auge del inglés
  • La deposición de Ricardo II
  • La vida cotidiana en el siglo XV
  • Enrique V y la victoria en Agincourt
  • Enrique VI-Derrota y división
  • Las Guerras de las (2) Rosas
  • Ricardo III - Traición y derrota: Ricardo III gobernó como rey de Inglaterra durante poco más de dos años, pero su vida abarcó tres décadas de guerra civil, el período de agitación y traición que llamamos las Guerras de las Rosas.
  • Inglaterra en 1485

El Trabajo Agrícola e Industrial en la Edad Media
La organización del trabajo y la división del mismo, que podría decirse que alcanzaron su punto álgido durante el Imperio Romano, decayeron a medida que éste se desintegraba. La fragmentación social y política y la decadencia económica de finales del imperio redujeron la mayor parte de Europa occidental a unidades económicas autosuficientes de pequeña escala. A medida que esto ocurría, el mercado de la producción especializada desapareció hasta que el comercio y la vida urbana revivieron en forma de la nueva sociedad feudal. El crecimiento del comercio interregional estimuló la demanda de artesanía especializada que sirviera a los mercados crecientes.

Importantes innovaciones tecnológicas en la agricultura, la energía, el transporte, la metalurgia y las máquinas crearon nuevas formas de especialización. La aparición de la nueva clase burguesa, con un rápido crecimiento de la riqueza y la amplitud de las empresas, proporcionó la base para una gestión más racional de la producción. Estas fuerzas sociales aceleraron el auge de la industrialización.

Estructura de clases
Las divisiones sociales, o estructura de clases, en el mundo medieval reflejaban una división del trabajo. La clase noble contribuía esencialmente a la organización del trabajo. Como controlaban la tierra, básica para la producción en esta sociedad agraria, los nobles eran los únicos que poseían la riqueza necesaria para adquirir los productos de los artesanos, comprar mercancías traídas de lejos, adquirir las armas y armaduras fabricadas por los metalúrgicos y construir castillos y fortalezas. Los señores también decidían, de acuerdo con la costumbre imperante, cómo debía organizarse el trabajo agrícola.

El clero era a la vez consumidor y productor y su principal responsabilidad era la atención espiritual de sus feligreses. Los monasterios eran unidades agrarias autosuficientes que a menudo producían un excedente para el comercio; de hecho, los monjes experimentaban en la mejora de las técnicas agrícolas y en la producción de quesos y vinos especiales que se vendían fuera del monasterio. Por último, las grandes iglesias requerían especialistas en vidrieras, fundición de campanas, cantería, talla de madera y otros oficios.

El grueso de la población estaba formado por agricultores de diversa condición jurídica y social. La mayoría eran siervos ligados a las parcelas que sus antepasados habían cultivado y prestaban servicios o bienes al señor del señorío, que les brindaba protección a cambio. Unos pocos habitantes del señorío eran arrendatarios o aparceros, que alquilaban la tierra a cambio del pago de una parte de los productos. Menos aún eran los jornaleros libres que trabajaban a cambio de un salario. La esclavitud prácticamente ha desaparecido. Como el señorío era prácticamente autosuficiente, los campesinos de cualquier condición realizaban diversas tareas relacionadas con su ocupación agrícola.

La producción agrícola
Cuatro factores interrelacionados determinaron la organización del trabajo de la agricultura medieval: la autosuficiencia económica del señorío, el desarrollo de la agricultura mixta basada en el cultivo y la ganadería, mejoras tecnológicas como el arado de ruedas pesadas y el collar de caballos rígidos, y el sistema de tenencia de la tierra y la división de las explotaciones. Cada hogar campesino producía casi todo lo que necesitaba. Las excepciones incluían el uso de un molino o lagar feudal por el que los campesinos no pagaban en dinero, sino con un porcentaje de la cosecha procesada.

Mientras que la ganadería y la producción de cultivos habían sido empresas separadas en la antigüedad, ambas se combinaron durante la Edad Media en el noroeste de Europa. El ganado se criaba para ser utilizado como animal de tiro y para alimentarse, y como el rendimiento de los campos de cereales no superaba en mucho las necesidades humanas, el ganado se pastoreaba en las tierras pobres o en los campos cosechados. Así, se reservaba cierta cantidad de tierra para el pastoreo, y algún aldeano, normalmente un miembro de la comunidad de mayor edad, se convertía en pastor.

La organización comunal se veía favorecida por los acuerdos de tenencia de la tierra y por la forma en que se dividía la tierra cultivable entre los aldeanos. Para asegurar un reparto equitativo, la tierra se dividía en grandes campos. Cada campesino poseía franjas en cada campo, lo que significaba que las labores de arado, siembra y cosecha debían realizarse en común y al mismo tiempo.

El arado de ruedas, introducido gradualmente a lo largo de varios siglos, reforzó aún más la organización del trabajo comunal. Los arados anteriores se limitaban a arañar la superficie del suelo. El nuevo arado estaba equipado con una cuchilla pesada para cavar bajo la superficie, lo que hizo posible los campos en franjas. Sin embargo, como el nuevo arado requería una yunta de ocho bueyes -más de los que poseía un solo campesino-, el trabajo de arado (y, de hecho, todo el trabajo pesado de la finca) se realizaba en común. Este sistema dejaba poco margen para la iniciativa individual; todos seguían las rutinas establecidas, y el ritmo de trabajo lo marcaba la yunta de bueyes.

Los gremios artesanales
A diferencia de los siervos de la tierra, los ciudadanos de la Edad Media eran libres. Algunos se dedicaban al comercio y formaban grupos conocidos como gremios de mercaderes. La mayoría, sin embargo, eran pequeños comerciantes-artesanos, organizados en gremios artesanales en forma de maestros (de mayor nivel y categoría), oficiales (de nivel medio) y aprendices (principiantes). El maestro medieval solía ser muchas cosas a la vez: un trabajador cualificado; un capataz que supervisaba a los oficiales y aprendices; un empleador; un comprador de materias primas o semielaboradas; y un vendedor de productos acabados. Como los artesanos medievales empleaban herramientas manuales sencillas, la propia habilidad del trabajador determinaba la cantidad y la calidad de su producción. Los aprendices y oficiales pasaban por largos períodos de aprendizaje bajo la dirección de un obrero más experimentado. Cuando lograba producir una "obra maestra" que cumplía con la aprobación de los maestros del gremio, el artesano obtenía la admisión plena en el gremio.

Los gremios artesanales se organizaban mediante reglamentos. Al controlar las condiciones de ingreso en un oficio, los gremios limitaban la oferta de mano de obra. Al definir los salarios, los horarios, las herramientas y las técnicas, regulaban tanto las condiciones de trabajo como el proceso de producción. También fijaban las normas de calidad y los precios. De carácter monopólico, los gremios, solos o combinados, buscaban el control total de sus propios mercados locales. Para conseguir y proteger su monopolio, los gremios adquirieron una voz política y en algunas localidades lograron el derecho a elegir a varios de sus miembros en el consejo municipal. En algunas ciudades, como Lieja, Utrecht y Colonia, los gremios alcanzaron el control político total. Los 32 gremios artesanales de Lieja, por ejemplo, dominaban la ciudad desde 1384 hasta el punto de que nombraban al consejo municipal y a los gobernantes y exigían que todas las decisiones cívicas importantes fueran aprobadas por la mayoría de sus miembros.

Los gremios artesanales alcanzaron su máxima prosperidad en el siglo XIV. Las especialidades se habían diferenciado tanto que las ciudades más grandes solían tener más de 100 gremios. En el norte de Europa, por ejemplo, al principio del periodo, los carpinteros construían casas y fabricaban muebles. Con el tiempo, la fabricación de muebles se convirtió en un nuevo oficio, el de la ebanistería, y los ebanistas se separaron de los carpinteros para establecer sus propios gremios. Los talladores y torneros (especializados en muebles torneados) también fundaron gremios. Los que pintaban y doraban los muebles y las tallas de madera también estaban representados por un gremio aparte.

Esta época de intensa especialización estuvo marcada por un movimiento contrario de amalgama de diferentes oficios, una tendencia que reflejaba el crecimiento del mercado y el deseo de los maestros emprendedores de ampliar sus capacidades comerciales. Esto se produjo a expensas de la función artesanal. Al proliferar la diferenciación artesanal, numerosos oficios acabaron produciendo artículos iguales o similares. Esto estimuló las fuerzas competitivas entre los artesanos, que necesitaban asegurarse materias primas y un mercado. Por ello, los maestros se vieron tentados a emplear a miembros de otros oficios, y los conflictos surgieron inevitablemente.

La misma ampliación del mercado condujo a la diferenciación de clases dentro de un oficio. A medida que la función comercial se hacía más importante, los que seguían siendo artesanos caían en una condición de dependencia de los comerciantes. Con el tiempo, los gremios de mercaderes -que originalmente sólo representaban a los comerciantes- absorbieron a los gremios artesanales.

Los gremios artesanales también sufrieron una ruptura en su estructura. Como los maestros querían quedarse con los beneficios del creciente mercado, dificultaban cada vez más el acceso de los oficiales a su clase, prefiriendo emplearlos como asalariados. Los aprendices tampoco tenían muchas esperanzas de ascender a la maestría. Así, la relación maestro-obrero-aprendiz dio paso a un acuerdo de empleador-empleado, en el que el maestro realizaba las funciones de comerciante mientras sus empleados hacían trabajos artesanales. Las condiciones para el desarrollo del sistema industrial primitivo surgieron de la desintegración de este sistema artesanal- gremial. Los oficiales excluidos acabaron convirtiéndose en una clase de trabajadores libres que practicaban su oficio a cambio de un salario fuera de las murallas de la ciudad, y fuera de las limitaciones de los reglamentos de los gremios.

La industria medieval: El sistema de despojo
Ciertas industrias, que eran pequeñas al principio de la Edad Media, llegaron a ser bastante grandes, y este crecimiento influyó en los cambios en la organización del trabajo. La más importante fue la industria de la lana.

Por razones de coste y disponibilidad, la lana fue el material básico de confección en Europa occidental hasta el comienzo de la época moderna. El lino y la seda eran demasiado costosos para su uso a gran escala, y el algodón sólo se cultivaba en pequeñas cantidades. La producción de telas a partir de la lana implicaba varias etapas que requerían mucho tiempo: la limpieza y el cardado (enderezar las fibras rizadas y anudadas esquiladas de las ovejas), el hilado de las fibras en forma de hilo, el tejido del hilo en forma de tela, el esquilado de los nudos y las asperezas, y el teñido. Todos estos procesos podían llevarse a cabo en un solo hogar campesino, ya que sólo requerían aparatos sencillos y habilidades rudimentarias. Normalmente, los niños cardaban la lana, las mujeres manejaban la rueca y los hombres trabajaban en las lanzaderas de los telares.

Las telas producidas con estas herramientas tan rudimentarias y con trabajadores relativamente poco cualificados eran toscas pero útiles. Sin embargo, los que estaban por encima de la clase campesina deseaban la ropa más cómoda y atractiva que producían los artesanos cualificados. La demanda resultante de mejores textiles hizo que la industria superara los medios de producción domésticos de los campesinos. Se instituyó una nueva organización del trabajo, llamada sistema de extracción, en la que un comerciante de paños compraba la lana cruda, la "sacaba" para cardarla, hilarla y tejerla, y luego la llevaba a los procesos de acabado con la ayuda de artesanos especializados. Como los hilanderos y tejedores seguían siendo campesinos, también se ganaban la vida con las parcelas en las que se encontraban sus casas, lo que significa que la agricultura y la industria se llevaban a cabo como una empresa integrada. El hombre podía trabajar en el campo mientras su mujer hilaba, y en invierno el hombre ayudaba en la producción textil. En la época de la cosecha, todas las manos estaban en el campo, dejando las ruecas y los telares temporalmente inactivos.

El sistema de producción doméstica se diferenciaba de la producción campesina en que el comerciante de telas, o empresario, compraba la lana en bruto y era el propietario del producto en todas las fases de su elaboración (los artesanos seguían siendo propietarios de sus propias ruecas, telares y otras herramientas). Así, el campesino llegó a trabajar con materiales que no le pertenecían. Por otra parte, el trabajo se realizaba en el hogar (conocido como sistema cottage o sistema doméstico) y no en una fábrica, y el trabajo avanzaba al ritmo del trabajador. El comerciante se limitaba a organizar el trabajo estableciendo el orden y la secuencia de los distintos procesos técnicos, y no supervisaba el rendimiento real de los trabajadores. Sin embargo, el comerciante pañero que empezaba a fabricar telas llegó a controlar todo el proceso de producción. Esto representó un paso hacia el capitalismo industrial que surgió en el siglo XIX.

Avances tecnológicos
El crecimiento de la escala del comercio durante la Edad Media fue acompañado de avances en la tecnología. Ambos fenómenos contribuyeron a transformar la naturaleza del trabajo. Las aplicaciones de la energía eólica y la hidráulica tuvieron una importancia capital y marcaron el inicio de la sustitución del trabajo humano por la fuerza de las máquinas. A partir de finales del siglo X, las ruedas hidráulicas, utilizadas durante mucho tiempo para moler el grano, se aplicaron a muchos procesos industriales, como el curtido, el prensado de aceitunas, el aserrado de madera, el pulido de armaduras, la pulverización de piedra y el funcionamiento de fuelles de altos hornos. El primer molino de viento de eje horizontal apareció en Europa occidental en 1185, y en poco tiempo se podían encontrar molinos desde el norte de Inglaterra hasta Oriente Medio.

La mecanización del proceso de batanado (es decir, encogimiento y engrosamiento) de la tela ilustra la forma en que la tecnología cambió la naturaleza del trabajo. Hasta el siglo XIII, el batán se realizaba pisoteando la tela o golpeándola con un bate de batán. El batán inventado durante la Edad Media supuso una doble innovación: en primer lugar, dos martillos de madera sustituían a los pies humanos y, en segundo lugar, los martillos se elevaban y bajaban gracias a la fuerza de un molino de agua. Sólo se necesitaba un hombre para mantener el paño en movimiento en la artesa, que se llenaba de agua y tierra de batán. La mecanización del batán también hizo que la industria del paño se trasladara a lo largo de los arroyos, a menudo lejos de los centros textiles urbanos establecidos.

Quizás el mejor ejemplo de especialización del trabajo en la Edad Media se encuentre en la industria minera de metales a gran escala en Europa central. Además del Bergmeister ("maestro minero"), el principal administrador de la mina, había una jerarquía de personal administrativo y técnico y una serie de artesanos y mecánicos especializados en diferentes fases de la operación minera: mineros, palas, operadores de molinetes, transportistas, clasificadores, lavadores y fundidores. Las minas funcionaban cinco días a la semana durante las 24 horas, con la jornada laboral dividida en tres turnos de siete horas y las tres horas restantes utilizadas para cambiar de turno. Siempre que era posible se utilizaba la fuerza de los animales, con equipos de ocho caballos enganchados por parejas para hacer girar los molinetes y elevar los cubos de mineral o drenar el agua de la mina. Todos los tipos de bombas (para el drenaje de las minas, y bombas de succión) eran manejadas por mecánicos especializados.

Los fuelles para la ventilación de la mina se accionaban con fuerza humana y animal o con fuerza hidráulica. Otros procesos mineros estaban menos mecanizados y se llevaban a cabo de forma muy similar a la de la antigüedad. Los minerales sacados a la superficie se llevaban a una mesa de selección en la que las mujeres, los niños y los ancianos separaban las piezas a mano, colocando los minerales buenos en tinas de madera que se llevaban a los hornos para su fundición.

Construcción de monumentos
La mecanización que fue cambiando la organización del trabajo a lo largo del periodo medieval se hizo poco evidente en la construcción de castillos, catedrales y murallas. Las tecnologías que implicaban el levantamiento de pesos, por ejemplo, habían progresado poco durante la Edad Media y, como los masones se negaban a manejar grandes bloques de piedra, las estructuras románicas y góticas se construyeron con bloques de piedra más pequeños, logrando sin embargo grandeza en la escala. La organización de la mano de obra difiere mucho de la empleada en la antigüedad. Estos grandes monumentos fueron construidos por trabajadores libres como carpinteros, vidrieros, techadores, fundidores de campanas y muchos otros artesanos, además de los canteros.

Se puede aprender mucho sobre la naturaleza de la construcción medieval estudiando los registros de estos proyectos, así como los monumentos que se construyeron. Durante mucho tiempo se creyó que los artesanos medievales, especialmente los que se dedicaban a la construcción de catedrales, eran artesanos humildes y desinteresados que trabajaban piadosa y anónimamente para la gloria de Dios y para su propia salvación. Los estudiosos han desmontado este mito. Los constructores medievales solían dejar sus nombres o firmas en sus obras, y los registros que se conservan muestran nombres, salarios y, en ocasiones, protestas por los sueldos. Había un alto grado de individualismo. Los artesanos no eran en absoluto anónimos: los historiadores han descubierto más de 25.000 nombres de quienes trabajaron en las iglesias medievales. Se ha llegado a la conclusión de que los artesanos medievales eran relativamente libres y sin trabas en comparación con sus homólogos de la antigüedad.

El maestro de obras dirigía a los artesanos del gremio y hacía las veces de arquitecto, funcionario administrativo, contratista y supervisor técnico. Diseñaba los moldes, o patrones, utilizados para cortar las piedras para los intrincados diseños de puertas, ventanas, arcos y bóvedas. También diseñaba el edificio en sí, generalmente copiando sus elementos de estructuras anteriores en las que había trabajado, ya sea como maestro o durante su aprendizaje. Dibujaba sus planos en pergamino. Como administrador, llevaba la contabilidad, contrataba y despedía a los trabajadores y se encargaba de la adquisición de materiales. Como supervisor técnico, estaba constantemente presente para tomar decisiones y planes puntuales. En los proyectos de mayor envergadura, contaba con la ayuda de subalternos.

se distinguió el derecho civil del derecho canónico, contenido en la primera compilación de Justiniano. Debe advertirse que en el medievo, y como consecuencia de la desintegración del imperio romano en principados, condados y señoríos y más tarde al aparecer el régimen feudal, el derecho civil recibió la influencia de los derechos germánicos y quedó integrado únicamente por normas de derecho privado, pues las disposiciones de derecho público que rigieron durante el imperio ya no hallaron campo de aplicación de una sociedad que había perdido la unidad política en la cual las relaciones entre el señor y sus vasallos, fundadas en la propiedad de la tierra, se regían por los principios de derecho privado recogidos en compilación de Justiniano, ampliados por los comentaristas medievales. Esta identificación entre el derecho civil y el derecho privado, aparece bien clara en la obra de Domat en el siglo XVIDicho autor escribió su obra Les lois civiles dans leur ordre naturel y, separadamente dio a la estampa otro trabajo titulado Le droit public En Francia, durante la Revolución los autores señalan una época de transición entre el derecho feudal y el derecho moderno, periodo que se denomina intermedio y se sitúa entre la Asamblea Nacional (17 de junio de 1789) y el 21 de marzo de 1804 en que se promulgó el Código Civil de los franceses (Código Napoleón), que abrogó todo el derecho antiguo contenido en las costumbres, en el derecho romano y en el derecho germánico.

Desarrollo

Como se sabe el Código Civil francés de 1804 es el antecedente de todo el movimiento codificador de los países europeos y americanos de cultura latina y de tradición jurídica continental europea.

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La evolución del derecho civil no ha cesado, de la misma manera que sigue avanzando la cultura y la técnica de la humanidad; pero hoy en día el jurista ha de trabajar, como lo apunta certeramente René Savatier, con datos que se transforman a una velocidad jamás vista antes, y el derecho civil se enfrenta a ese problema, ante el cual al derecho privado compete la misión, de preservar los principios milenarios del derecho y la justicia. Debe reconocerse, por otra parte, que se está operando en el seno de las instituciones civiles una transformación que atañe a las ideas de libertad, de igualdad, en las relaciones humanas y de reparación del daño causado a otro. Estas mutaciones que constituyen una exigencia económica y social, se expresan en el derecho a través de la necesidad de revisar los conceptos de autonomía de la voluntad, equilibrio de las prestaciones contractuales y de la responsabilidad por el uso de cosas peligrosas.Entre las Líneas En lo que se refiere al derecho de familia, las transformaciones son aún más ingentes si cabe, tanto en las relaciones conyugales como paternofiliales y en los conceptos de patria potestad y de protección del menor. El profesor francés antes citado enseña que las relaciones familiares, consideradas hasta hoy como un complejo de derechos y obligaciones recíprocas, se transforman gracias a un elemento muy importante, a saber: la solidaridad que sustentada en la recíproca ayuda que deben prestarse sus componentes, constituye el fundamento y razón de las relaciones familiares que se explican no solo como relaciones jurídicas sino esencialmente como relaciones afectivas, de las cuales aquellas son solo una expresión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Recursos

Véase También

Bibliografía

Batiza, Rodolfo, Las fuentes del Código Civil de 1928, introducción, notas y textos de sus fuentes originales no reveladas, México, Porrúa, 1979; Galindo Garfias, Ignacio, Derecho civil; parte general, personas y familias; 5a. edición, México, 1982; García Téllez, Ignacio, Motivos, colaboración y concordancias del nuevo código civil mexicano, México, 1932; Mozos, José Luis de los, Derecho civil español, tomo I., Parte general, volumen I, Introducción al derecho civil, Salamanca, 1977; Ortiz Urquidi, Raúl, Derecho civil (parte general); introducción, teoría del derecho (ubicación del civil), teoría y técnica de aplicación de la norma (generalmente por los organismos y autoridades públicas, incluido las fuerzas y cuerpos de seguridad y orden público), teoría general del negocio jurídico, México, Porrúa, 1977; Piña, Rafael de, Elementos de derecho civil mexicano, tomo I, Introducción, personas y familia; 10a. edición, México, Porrúa, 1980; Rojina Villegas, Rafael, Derecho civil mexicano, tomo I. Introducción y personas; 3a. edición, México, Porrúa, 1980; Savatier, René, Les metamorphosis économiques et sociales du droit civil d’ajourd’hui; 2a. edición, París, 1952-1959, 3 volúmenes

Recursos

Véase También

Bibliografía

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Derecho Civil Como Derecho de la Persona

Véase más sobre este tema en la Enciclopedia jurídica española.

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